DE LA PRIMAVERA, JUSTIN THEROUX Y LOS MARCOS DE SENTIDO
Ni mi interés ni mi creatividad me dan suficiente cancha como para escribir mas de una entrada mensual y de nuevo voy a recurrir a las innumerables conexiones entre la filosofía y la vida cotidiana para escribir y de paso asimilar determinados conceptos en mi dura cabezota.
Esta primavera como todas las primaveras está siendo hermosa pero también, como todo últimamente, se me pasa sin sentir, parece que no encuentro tiempo para pararme a mirar el cielo o el suelo y ver lo que sucede en el ciclo natural...
En cambio sí hago tiempo todos los días para seguir una o dos series televisivas y debo decir que aunque también me han "colado" algún truño, en general estoy teniendo buena fortuna en mis elecciones.
La última finalizada y con gran sobrecogimiento interior ha sido "The Leftovers" (que yo siempre que miraba el título en busca de otras cosas leía "leftLovers" con "ele" y tenía una extraña idea de realidad distópica de amantes abandonados en la cabeza). El argumento es sencillo: un "buen" día, el 2% de la población mundial desaparece sin avisar y sin que nadie pueda concretar la causa ni a donde puede haber ido toda esa gente a parar. El prota, interpretado por el bello Justin Theroux, es ese hombre intenso y vulnerable que te tiene -con las bragas chorreando en el suelo- con el corazón en un puño todo el tiempo porque es imposible no involucrarse con lo que le pasa.
Y realmente la serie no es una historia de ciencia ficción al uso porque el nudo de la trama no es saber qué pasó y porqué, sino como la humanidad se enfrenta a un suceso como ese, como se hace para encajar algo tan trágico, ilógico e inexplicable.
Realmente no es una serie amable con el espectador, no se esfuerza por ser asequible ni fácil de ver y su dificultad avanza a medida que progresan sus tres temporadas. ¿El porqué deberías verla entonces? El primer motivo y el mas banal es Justin...creo que ya le había visto en otros papeles pero aquí, quizás por el papel, por ese hombre que representa al que a menudo dan ganas de abrazar para ponerle a salvo de cualquier mal, pues le encuentro irresistiblemente guapo, enternecedor y merecedor de una petición de matrimonio en toda regla.
Y el segundo es por la poderosa fuerza que mueve a cada uno de los personajes y que al final hace avanzar la serie entera. Esa fuerza es "el concepto" de hoy, de nuevo una de las características de nuestra humanidad, algo que tienes tu y no lo tiene la mona de Tarzán (hum, quizás la mona esa sí) y que es el marco de sentido.
El marco de sentido es todo aquello que, consciente o inconscientemente, construimos en torno a nosotros para vivir ¡y sobrevivir!: ese torbellino de estímulos y sensaciones que constituyen el mundo de ahí fuera necesita ser ordenado, nombrado y categorizado para que el caos no se nos lleve por delante. Ese marco se va a encargar de eso pero además no solo explica qué y cómo son las cosas, también nos dice de donde vienen y a donde van, es decir, conecta nuestro presente con el pasado (memoria) y el futuro (nuestras expectativas). Ese marco nos da una seguridad, un suelo firme en el que pisar, nos da una serie de cosas en las que creer para seguir adelante, todo lo que no nos cuestionamos cuando todo va bien es lo que constituye el marco de sentido.
El marco es la estructura básica de fondo, ahí están nuestros valores, nuestro fundamento y es algo que todo el mundo tiene: quien menos se preocupa por el ser-y-estar-en-el mundo se conforma con el marco que hereda de la sociedad en la que nace y de la familia en la que crece. Quien posee inquietudes intelectuales o espirituales puede cuestionarlo y plantearse una nueva escala de valores, un marco propio, pero todos tenemos uno, y cuando todo va bien no percibimos su existencia.
Porque esa es la "cosa" del marco, que solo percibimos que está cuando se rompe: por una muerte o una pérdida innecesaria, cuando nos desborda un sufrimiento de cualquier tipo al que no encontramos justificación, cuando la realidad deja de tener lógica y los acontecimientos a nuestro alrededor dejan de encuadrarse dentro de todo lo esperable, de lo que hemos aprendido, de lo que se nos ha enseñado a esperar.....cuando de pronto una parte de la Humanidad desaparece, tu padre, tu hijo, tu amante, y ni hay explicación ni se espera encontrar nunca una forma de justificarlo y explicarlo.
Entonces ¿qué hay que hacer cuando perdemos ese marco?...¿aferrarnos a lo que somos y tratar de reconstruirlo?...¿reinventarnos para adaptarnos a esa nueva realidad?...¿rendirnos, o mantener la esperanza?
Este tema del marco de sentido (que es una de las categorías esenciales que nos definen como humanos y que nos diferencia de nuestros afortunados compañeros de planeta propietarios de cerebros menos problemáticos) es apasionante porque cuando piensas en él y te das cuenta de que está, reparas en lo mucho que condiciona nuestras reacciones, nuestras relaciones y nuestra manera de entender la vida en general. Y en lo importante que es -o debería ser- el conocerlo y saber como funciona, para poder pensar en un plan B con el que, si en un momento dado todo se va a tomar por el c viento, tengamos una idea aproximada de qué hay que hacer con los pedazos para intentar reconstruir una realidad en la que queramos seguir viviendo.
No es muy buen tema para despedir Abril y entrar en Mayo, la época más bonita del año, como que me pegaba haber hablado de algo más ligero, pero se me acababa el mes sin publicar la entrada protocolaria, y Justin se merecía como mínimo esta reflexión.
Si has leído hasta aquí, un abrazo, amigo.
Y si te aburriste y saltaste al final, ¡también!, jajaja...



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