domingo, julio 05, 2015

EL INTRIGANTE CASO DE LOS HOMBRES EN CALZONCILLOS: HOY, LA VACA EN EL ESTANQUE.


Más de una vez he contado aquí que, aún sintiéndome como me siento a día de hoy muy contento con la manera en que gestiono mis impulsos de cintura para abajo, he tenido mis épocas de relaciones heterosexuales en las que me sentía plenamente satisfecho y no echaba de menos nada como no fuese la compañía de la dama que en esos momentos era el objeto de deseo de mi corazón.
Sin embargo siempre he sentido que en mi interior no estaba cerrada la puerta a una experiencia con alguien de mi mismo sexo, y aunque no fue nunca nada perentorio ni urgente que atender, me resultaba una divertida posibilidad.
...ahora, como ando ultimamente tan entretenido con estas entradas autobiográficas, voy a retrotraerme en el tiempo para buscar cuales fueron los primeros momentos en que fui consciente de que eso era así, y pienso que el recuerdo más antiguo de este tipo fue con la historia de...

LA VACA EN EL ESTANQUE



....imaginate una interminable tarde de Agosto con los saltamontes chirriando entre la hierba y el sol detenido sobre el horizonte, deslumbrante y abrasador tal como si no pensase en acostarse nunca a descansar...
Por aquellos años mis abuelos tenían una finca en las estribaciones de la sierra burgalesa, lo bastante lejos de todo como para sentir que el mundo quedaba a millones de kilómetros de distancia pero lo oportunamente cerca como para coger el coche y llegar en diez minutos al pueblo más cercano. Yo iba a pasar los veranos allí y ahora echando la vista atrás pienso que nunca he tenido un estado de tan perfecta felicidad como disfrutaba entonces:¿como podía ser posible si no tenía ni teléfono móvil, ni ordenador, ni conexión a internet y ni siquiera me sentaba un minuto a ver la televisión?...
...mis días transcurrían en plan bestezuela salvaje, corriendo por el monte con los perros, montándome esas peliculas imaginarias que nos montamos a esas edades para pasar el tiempo o haciendo qué-sé-yo, pero total y felizmente inmune al aburrimiento. 
Ya por entonces prefería el trato canino al humano y era dificil localizarme salvo a las horas de las comidas y las cenas, pero parece que aquel día me encontraba en algún lugar a la vista porque uno de mis pequeños y enojosos primos pudo acercarse hasta mi lo bastante como para decirme lleno de emoción:
"¡Se ha caído una vaca en el estanque!...¿vienes a ver como la sacan?"
El estanque era un gran pilón rectangular casi del tamaño de una piscina pequeña y se encontraba rodeado de una valla metálica, en parte para impedir que alguna de las vacas de mi abuelo que pastaban alrededor decidiese en un momento de aburrimiento saltar al agua a darse un baño pero supongo que también para evitar que alguno de los niños pudiésemos caernos dentro y morir ahogados y devorados por las ranas. Pero para aquella vaca por lo visto la valla no había supuesto obstáculo suficiente ( es que cuando a una vaca se le mete algo entre ceja y ceja, casi siempre es complicado detenerla )
"Y tu como te has enterado" espeté a mi pequeño primo con ese aire hostil con el que pretendía mantenerlos siempre a distancia.
Mi primo me mostró una gran toalla de baño y explicó emocionado en voz baja:
"La abuela me la ha dado para llevársela a Emilio...¡va a tirarse al agua para ayudar a sacar a la vaca!"
Emilio era un allegado de la familia que pasaba casi todo el tiempo allí y colaboraba activamente en las tareas que la finca originaba: un tipo de unos veintitantos años más bien guaperas con una cuidada barbita oscura, unos brillantes ojos azules y una sonrisa resplandeciente que volvía locas a las féminas de los contornos. Por lo que supe después -cuando fui lo bastante adulto como para entenderlo-, debía ejercer sus habilidades de macho.empotrador con refrescante ligereza y escandalosa promiscuidad, pero por aquel entonces para mi solo era una figura masculina más en un poco estimulante universo adulto. Sin embargo lo del rescate de la vaca me pareció lo bastante emocionante como para emplear un rato de aquella inacabable tarde de Agosto, así que solté un gruñido de conformidad y seguí a mi primo hacia la hondonada en donde se encontraba el estanque tratando de no parecer demasiado entusiasmado,,,
...cuando llegamos había media docena de hombres del pueblo discutiendo a voces alrededor del estanque la mejor manera de sacar la vaca del agua mientras que en el interior, toda verde de lentejas de agua, la vaca ( una de esas de toda la vida blancas y negras tan entrañables ) asomaba la cabeza y mugía de vez en cuando con tremenda desolación. Emilio, nuestro héroe, enfundado en el mono azul que utilizaba para las tareas de la granjas, escuchaba en silencio meneando la cabeza hasta que por fin urdieron un plan que en mi recuerdo incluía una cuerda alrededor de la vaca, los lugareños tirando de ella y...
"...y yo me meto al agua y empujo desde abajo" concluyó con un gesto serio que no tenía nada que ver con su exuberante simpatía habitual. 
"Te hemos traído una toalla" me sentí en la obligación de decir, a lo cual él respondió con una sonrisa y sin decir más se bajó la cremallera del mono y tiró de él hacia abajo quedándose en calzoncillos delante nuestro...
...apenas tuve tiempo de procesar los complejos mecanismos internos que se me pusieron en marcha al entrever su cuerpo, tan blanco en contraste con el vello oscuro que cubría ligera pero oportunamente algunas partes de su cuerpo: al segundo siguiente, con la elegancia propia de un deportista olímpico se tiró de cabeza al agua y apareció un instante después tras el trasero de la vaca...
Toda la operación de rescate del animal duró un buen rato y no puedo dar muchos detalles de ello porque una parte de mi, algo de lo que no tenía noticia hasta entonces, solo estaba pendiente del momento en que Emilio volviera a salir del agua para poder volver a sentir esa extraña pero agradable sensación que me recorrió al verle dejar caer el mono azul en el suelo.
"Dame la toalla, enano" espeté a mi primo.
"Jo, pero la he traído yooo" lloriqueó como una nena, y tuve que sacar mi lado amenazador:
"O me la das o vas al agua detrás de él"
Gracias a estas sutiles tácticas de extorsión cuando por fin la ternera logró poner sus cuatro pezuñas en tierra firme para salir trotando en busca de sus insensibles compañeras de rebaño, yo estaba esperando a Emilio con la toalla al borde del estanque.
A él también tuvieron que ayudarle a salir un par de hombres tirando de sus brazos, y cuando emergió cubierto de redondelitos verdes, con sus ojos azules brillantes y esa sonrisa compitiendo con el sol del atardecer me quedé sin habla.......pero si he de ser franco, no fueron los ojos azules ni la sonrisa lo que me dejaron petrificado, sino el efecto que la humedad del agua había causado en el slip blanco de Emilio: ahora se adhería a sus nalgas dejándolas casi del todo visibles y por delante la tela mojada colgaba un poco demasiado por debajo de su ombligo dejando ver mucho del vello oscuro que había más abajo y transparentando de una manera turbadora lo que se ocultaba más allá. Creo que debí desplegar dos palmos de lengua mientras le contemplaba repasar con la toalla cada centímetro de aquella anatomía, hipnotizado viendo correr diminutos riachuelos de agua entre el pelo de sus muslos y la forma increíble en que con cada movimiento los músculos de su cuerpo se deslizaban bajo su piel.
Cuando terminó de secarse me soltó la toalla dándome un amistoso golpe con ella en el pecho, y sin pedirme permiso se enfundó otra vez el mono azul,volviéndose a hablar con los hombres del pueblo y  relegándome de nuevo al limbo de invisibilidad en el que los adultos suelen colocar a los niños. Aunque supongo que no sería yo tan niño si fui consciente de esa forma en que mis tripas parecían disolverse ante la visión del cuerpo de aquel tío en calzoncillos, ¿verdad?...

En cualquier caso la historia ( o no-historia, no sé ) acaba aquí. Si pensabas que esa misma noche Emilio visitó mi alcoba y me inició en los secretos del sexo gay, estás por desgracia equivocado/a, de hecho ni siquiera puedo asegurarte que esa misma noche yo mismo me acordase ya de la historia de esa misma forma tan "subliminalmente sexual". 
Emilio se casó muy pronto, tuvo un buen puñado de nenes, se divorció muy pronto por culpa de esa perniciosa vocación suya de empotrador antes mencionada, y ¡desde luego  también muy pronto! se fue "al otro barrio" a una edad relativamente temprana, dejando una legión de corazones femeninos destrozados...
Y a mi, sin siquiera proponérselo, me dejó gracias a la imagen de aquellos muslos peludos cubiertos de limo y verdín, iniciado en  los terrenos resbaladizos del amor...

El último mar que compartimos juntos

El último mar que compartimos juntos
...esta vez, solo contigo