viernes, junio 17, 2011

EJERCICIO DE DESESTIMA PARA EL VIERNES POR LA TARDE


Creo que ya lo he contado mil veces, y la mitad de ellas puede que sean aquí.
Cuando tenía once o doce años ( en esa época en que el mundo era color sepia y la banda sonora era de película de Doris Day ), una tarde lluviosa de sábado en que probablemente andaba tocando las pelotas a todo el mundo porque no podía salir a la calle, mi madre -que ni es profunda ni literata ni nada de eso, lo cual lo hace más extraño- agarró un puñado de folios, les plantó dos grapas en el lomo y me sugirió:
"¿porqué no escribes tu diario?"
Por alguna razón aquello me intrigó lo bastante como para responder:
"¿qué es eso?"
Y ella, no con la cara de amable-musa-introduciendo-un-espíritu-joven-en-el-mundo-de-las-letras sino con la del que a falta de insecticida se decanta por encerrar a la mosca cojonera en el retrete, respondió:
"pues es que cada día pones la fecha y escribes las cosas que te han pasado. Como si fuese un libro pero que va a tratar de ti. Qué te parece."
Aquello me hizo cavilar unos largos instantes hasta que por fin dije:
"vale"
"uff" repuso mi aliviada progenitora "ahora voy a echar la siesta, vale cariño"
"no. ¿y luego lo vas a leer tu?"
"No, a no ser que sea necesario", dijo ella no sé si con la esperanza de que comprendiese que el diario es secreto o para disuadirme de cualquier intento de hacerla leer mis pinitos literarios.
(Nota del autor: Cuando leí "El misterio de Sans-Souci" de Agatha Christie que mencioné hace unos meses al  hablar de libros favoritos o algo así en este mismo espacio, sentí que la novela policiaca era mi destino y escribí media docena de títulos que ocupaban la friolera de treinta folios -un pionero de la novela minimalista-. Creí conveniente dejárselos leer a mi mamá y fue desgarrador para mi verla roncar a la hora de la siesta con mi cuaderno a modo de tejadillo sobre la pechera...ahí intuí que en este mundo de las letras es jodido triunfar si hasta tu propia madre se te duerme con el best-seller inédito entre los brazos. )
Bien, pues desde entonces he rellenado cuadernos y cuadernos contando las insustancialidades que me ocurren cada día, a veces minuciosamente, a veces espaciando las anotaciones semanas e incluso meses, pero más tarde o más temprando, volvía a sentarme a escribir. 
No es un ejercicio noble ni gratificante, porque cuando se me ocurre coger un cuaderno del pasado y me releo, el resultado suele ser horripilante, en plan "ajjj, ¿este era yoooo?¡noooo!" y tal, se ve que mi autoestima y mi narcisismo tienden a ver mi mejor momento en el momento presente ( bendito sea yo mismo, jaja ), pero aún así , insistí, insistí y cuando llegaron las nuevas tecnologías, abandoné el soporte papel para escribir primero en archivos de Word, luego a hablar de mi vida a través del blog. 
Y aquí aunque no he sido tan minucioso, y a veces me da la impresión de que cuanto más intensa es la vida menos tiempo tengo para plasmar por escrito lo que me está sucediendo, me basta echar un vistazo de atrás hacia adelante para recordar y revivir cada sentimiento. Cada sonrisa y cada lágrima.
Se ha perdido lo fundamental, claro, que es el hablar de tu vida sabiendo que no hay nadie al otro lado "escuchando", porque creo que por muy sincero que trate de ser uno hablando aquí de su propia circunstancia y aunque en lo básico se ciña a la realidad, pues siempre tratas de embellecerte un poco, darte un cierto brillo cultureta, camuflar tus miserias y parecer mucho más guay de lo que uno es de verdad.
Bien, pues al loro: NO SOY TAN GUAY.
Tengo cientos de horribles defectos y igual tú, anónimo lector, te estás creyendo que soy muy majo.
Pues de eso nada.
Aunque escriba mis diarios, que también queda superior decirlo, jeje.

El último mar que compartimos juntos

El último mar que compartimos juntos
...esta vez, solo contigo