viernes, febrero 08, 2013

I WAS AN EARTHLING WEREWOLF IN THE OUTER SPACE ( V )



Sala de control de la astronave.

La  lugarteniente Dita repasa con gesto de tedio cartas de navegación holográficas mientras el oficial de mantenimiento Deveraux repara algo con la mitad del torso metido debajo de una consola.
Dita, que no pierde de vista a la turbadora manera en que el mono de Deveraux se ciñe a su ahora espatarrada entrepierna, frunce el morrito y bosteza.
"Que aburrimiento de guardia...¿se puede saber donde anda todo el mundo?"
Deveraux, luchando con algo ahí abajo, gruñe
"La chochito médico está en el área humanoide investigando algo del chucho ese que anda comiéndose a los cerdos..."
""La chochito""repite Dita con una carcajada sarcástica" Tantos años de evolución de la raza humana y algunos genotipos como el suyo permanecen fijos e inmutables en el tiempo...¿como es posible que la selección natural  no haga nada con asuntos como ese?"
"Pues porque el macho fuerte y sin remilgos como yo es necesario para la supervivencia de la especie, encanto" declara entre resoplidos Deveraux desde abajo "Si todos fuésemos como Perkins que lo mismo le da comerse una polla que un sobao pasiego, o nuestro amado comandante al que su mayordomo debe estar dando por el culo por cuarta vez en lo que va de jornada, el planeta Tierra y sus colonias estarían en manos de los humanoides".
"Bueno, ¿y quien dice que ser fuerte, no tener remilgos y comerse una polla sean conceptos incompatibles?" rie divertida "Ese concepto también es antediluviano, oficial."
"No sé lo que será, pero lo cierto es que siempre que empieza uno a hablar con usted termina hablando de pollas" concluye Deveraux tirando hacia afuera de si mismo y quedando sentado en el suelo sudoroso con el musculoso torso desnudo "¿es una especie de fijación?"
"Creo que fue usted el primero que mencionó la palabra polla" sonríe Dita mordisqueándose luego el labio inferior con una mueca un poco lasciva "Quizás usted, a pesar de creerse tan hombre, tien e algún tipo de represión oculta que no quiere reconocer ante si mismo pero que en cuanto se descuida sale a relucir sin querer..."
Deveraux se pone en pie de un salto que sorprende a la propia Dita por su agilidad y la acorrala contra la pared con ambos brazos. Cuando le habla a la cara pequeñas gotas de saliva caen sobre el rostro de la lugarteniente.
"¿Me está queriendo decir que yo soy como los otros?...Porque si es así como piensa puedo demostrarle cuando quiera que está muy equivocada."
Dita aparta el rostro a un lado como si el aliento de Deveraux sobre su rostro fuese demasiado duro de aguantar y luego, sin previo aviso,levanta una de sus rodillas y asesta un duro golpe en la entrepierna del oficial que le hace encogerse con un aullido.
"...mmmm lo siento, querido, ese rollo "macho-alfa" no me va nada, me gusta ser yo quien tome la inciativa."
Deveraux, ligeramente encorvado parece concentrado en sus pelotas, pero de repente se levanta describiendo a la vez un arco con su brazo y logrando asestar una fenomenal bofetada a la lugarteniente.
"Entonces no vamos a llevarnos bien, guapa. O igual lo que te pasa es que todavía no has encontrado un tío como yo que te ate en corto y te lleve por el buen camino."
Dita, con su rubia melena descolocada, se lleva la yema de los dedos a los labios y los humedece en el hilillo de sangre que mana de su labio inferior. Lejos de parecer enfadada sonríe como si eso fuese justo lo que esperaba encontrar y dice despacio
"Quizás eres tu el que no te has encontrado nunca una chica como yo y es lo que necesitas para que te bajen los humos..."con un movimiento más rápido que el ojo gira sobre si misma, salta en el aire y sacude una patada en el mentón a Deveraux que le hace caer de espaldas sobre un panel lleno de mandos y botones de aspecto delicado que crujen bajo su peso"...¡TONTO DEL CULO!...¿porqué te crees que entre otras cosas soy lugarteniente de esta astronave?...tengo la graduación más alta en todas las artes marciales que te puedas imaginar y domino las disciplinas de combate tan bien o mejor que cualquier hombre...¿nos llevamos o no nos llevamos bien entonces?"
Deveraux, en apariencia aturdido y medio tirado en el suelo.
"...joooder, que hostia...lo siento tía, pensé que querías rollo, nada más, no hay porqué ponerse así"
"Bueno, esto no descarta que quiera rollo, lo único es que ahora tenemos los papeles de cada uno más claros, ¿no?" responde Dita jadeante sacudiéndose las manos con una sonrisa victoriosa. Luego se acerca a la consola sobre la que ha impactado Deveraux con gesto de ligera preocupación y ordena "Aparta de ahí...lo mismo has abierto las compuertas de descarga de los establos y tenemos a todos los cerdos flotando en el espacio."
Deveraux se echa a un lado pero no es para apartarse, sino para agarrar un extintor que voltea con gracia para impactar primero contra el diafragma y luego contra la sien de la lugarteniente Dita. dejándola K.O.
"...hija de puta..." gruñe sin aliento Deveraux contemplando satisfecho a la rubia en el suelo, luego la agarra por un tobillo y empieza a arrastrarla por el suelo en dirección a los camarotes "...ahora igual follamos quieras tu o no, a ver qué te parece, lugarteniente..."
De pronto la pantalla intercomunicadora se abre y aparece el rostro de Jujú, sudoroso y con el semblante descompuesto.
"¿hola?...¿hola?...¿me escuchais?...tenemos problemas aquí abajo, problemas de narices...¿me oye alguien, por favor?"
Deveraux, riendo para sí mismo y con gesto sombrío.
"Que te den por el culo, Jujú...tengo cosas más importantes entre manos en este momento, ¿verdad lugarteniente?"

Camarote del capitán Canelo
Suena una melodía suave...


...el capitán acaba de zafarse de los fuertes brazos de su ayuda de cámara Eric para coger la copa de champagne francés que reposa en la mesilla de noche. Después se vuelve a contemplar a su rubio y perfecto amante envuelto apenas entre las sedosas sábanas blancas, y rozándole el contorno del rostro con los dedos le pregunta
"Dime, ¿eres tan feliz como lo soy yo?"
"Claro que lo soy, tu felicidad es la mía, ya lo sabes..."
"No me refiero a eso..."murmura el capitán metiéndose de nuevo bajo las sábanas y abrazándole"...quiero decir, si tuvieses oportunidad de elegir, ¿querrías estar en otro sitio en vez de aquí conmigo?"
"No entiendo la pregunta...no se me ocurre poder querer estar en otro lugar que no sea a tu lado, amándote para siempre..."
El capitán se conforma de momento con la respuesta, Eric es el amante perfecto en todos los aspectos pero llevado por ese impulso particular del ser humano de buscar la felicidad siempre un paso más allá de donde uno se encuentra, quisiera que su ayuda de cámara dispusiese de la capacidad del libre albedrío para que pudiese decidir y aún así elegir estar a su lado. 
Eric le estrecha contra su pecho, ancho cual armario de tres cuerpos, y pregunta
"Te noto preocupado...¿es por todo eso que está pasando ahí abajo?"
El capitán se sonroja, avergonzado porque desde que ha subido en el ascensor desde el área humanoide y se ha metido al camarote con Eric no ha dedicado ni un segundo a pensar en ese asunto.
"Es verdad...¿qué clase de capitán soy?...anda, conecta el sistema de comunicaciones para ver si tenemos algún mensaje de ahí abajo..."
Eric se incorpora solícito, pasea una espléndida desnudez por el camarote que hace sentir al capitán del deseo de hacerle volver a la cama y olvidarse otro rato de las comunicaciones, y aprieta el botón de "on".
Al instante el mensaje angustiado de Jujú aparece en la pantalla haciéndole dar un respingo y correr junto a Eric.
"¡Joder!...¿de cuando es el mensaje?...¿lleva mucho tiempo en espera?"
"...me temo que tres horas...¿será demasiado tarde, capitán?"
"Mierda...haz un barrido de las cámaras que tenemos disponibles en el área humanoide, quiero ver qué se cuece ahí abajo..."
"Sí señor...aunque ya sabe que las instalaciones de video del área son rudimentarias, no creo que consigamos demasiada nitidez si la iluminación no es buena..."
"Quiero el pabellón femenino, ahí es donde estaba la chica herida, ¿no?...empieza por ahí..."
Tras un breve zumbido la imagen aparece ante los dos y ninguno es capaz de decir una palabra.
Por la puerta del pabellón femenino humanoide, como si de la boca de un horrible volcán se tratase, está brotando una vorágine de bestias, una inmensa e interminable masa negra llena de ojos rojos, garras y colmillos, unos enormes y terroríficos colmillos.
Una de las bestias trepa por la pared, pega un momento su morro a la cámara y un segundo después la transmisión se corta abruptamente.
"Joder Eric...esto se merece como mínimo un estado de emergencia, ¿no?"
"Como mínimo..."

El último mar que compartimos juntos

El último mar que compartimos juntos
...esta vez, solo contigo