sábado, febrero 02, 2013

I WAS AN EARTHLING WEREWOLF IN THE OUTER SPACE ( II )



Cuaderno de bitácora del Capitán Canelo - Día 2

Tras una noche de escasas horas de sueño en la que mi humanoide Eric me ha mostrado como ha perfeccionado desde nuestro último vuelo juntos algunas técnicas amatorias como por ejemplo la postura del helicóptero, he accedido al comedor con pocas ganas de conversación y mucho menos de problemas. En días como hoy desearía que las cosas fuesen de otra manera pero el hecho es que aunque la astronave posee una estructura inmensa comparable a una ciudad de provincias de las de antes, el espacio destinado realmente a la tripulación humana es limitado: una planta para camarotes y areas de esparcimiento y otra segunda en la que todas las dependencias están vinculadas al control y la navegación hiperespacial. Es decir, que apenas uno pone el pie fuera del camarote es impepinable el contacto social con los otros tripulantes, se quiera o no se quiera.
Cuando llego el total de mis compañeros están ya allí sentados frente a humeantes tazas de café, a excepciòn de la pequeña Jujú que como siempre saborea un chocolate con churros.
- Si yo me lo comiese todo con tu mismo talento, sería ya presidente de la naviera -le está diciendo Perkins siguiendo con una evidente lascivia el ir y venir del churro goteante desde la taza hasta la boquita sonrosada de Jujú-.
- Pero venga, tío, no seas cerdo -gruñe Deveraux- Deja a la chica tranquila.
Deveraux ha acudido al desayuno ataviado solamente con una camiseta de tirantes y unos calzoncillos blancos tradicionales que al momento me descomponen el semblante a pesar de la noche de lujuria que acabo de pasar. Voy a hacer un comentario al respecto pero mi rubia lugarteniente Dita correctamente uniformada se me adelanta.
- Bueno, quizás si mañana venimos todos en pelotas a mojar el churro podremos obviar ese tipo de comentarios y pasar directamente a la acción, ¿verdad, señor-mantenimiento?
- ¿Que quiere decir...señora?
- Que quizás haya quien no encuentre cómodo tomarse un café con un hombre en calzoncillos sentado a la mesa y rascándose el paquete de vez en cuando - sisea Dita con una mirada de hielo-.
- ¡Eeeeh, venga ya, tía! Yo siempre me visto después del desayuno, ¿pasa algo?
- Hummmmm eres un chico revoltoso, ¿verdad?... ¿eres malo, muy malo?...¿te gustaría que yo fuese mala contigo?...
Es Jujú quien con una risa cantarina ataja esa tensa conversación llena de mensajes subliminales :
- ¡Eh, chicos!...Un poco de respeto, acaba de entrar nuestro comandante...
Todos los demás se vuelven con un gesto de incredulidad tal y como si acabase de entrar la rana Gustavo con sombrero mexicano en vez de un servidor. He de sonreir nervioso porque no estoy acostumbrado a tanta atención y ordeno carraspeando:
- Vamos, desayunen tranquilos...de todos modos puede que no fuese mala idea que cuidase un poco su  uniformidad a estas horas, oficial Deveraux...
Deveraux resopla de una manera que sin ser yo telépata me hace adivinar su pensamiento: "cómeme el rabo, capitán", y vuelve a concentrarse en su taza de café. 
- Bien, ¿han descansado correctamente? ¿ han echado de menos la cama?
Nadie tiene tiempo de contestar porque en ese preciso instante se abre de nuevo la puerta del comedor y aparece mi querido Eric con su uniformidad habitual, es decir, el torso desnudo y un pantalón que le hace un trasero divino, con el semblante un poco azorado.
- Capitán, debo informarle de una pequeña emergencia...
- Vaya, ¿y porqué yo tengo que venir con pantalones y ese tío puede entrar sin camiseta? -pregunta Deveraux-.
-  Y yo diría más, -añade Dita- ¿porqué un humanoide tiene libre acceso a esta zona de la nave saltándose los protocolos? creo recordar que en las últimas ordenanzas de vuelo aeroespacial quedaba muy claro que el personal humanoide no puede acceder al área humana salvo por una orden concreta...
- Bueno, Eric es mi ayudante personal -tengo que contestar rojo hasta las orejas-, es conveniente que se acostumbren todos ustedes a verlo por aquí.
Todos entrecruzan miradas y risitas cómplices que no me gustan nada mientras Eric permanece ahí inmutable y perfecto contemplándome con amor y devoción.
- Vaya, Eric, esta noche quizás sea yo la que necesite una ayuda personal -dice mi lugartniente haciendo morritos y chupeteándose lasciva el labio inferior- ¿podría pasar a echarme un cable?...siempre que haya terminado primero de echarle una mano al comandante, por supuesto...
Tengo que decir "ejem-ejem" muchas veces para acallar el cachondeo general del gallinero y que Eric pueda contarnos la emergencia de la que hablaba.
- En el area gorrina se ha detectado un número no inferior a trescientos lechones muertos, señor...
- ¿"No inferior"? - ataja Dita con ese gesto de zorra malvada que le empiezo a reconocer- ¿Me quiere decir, humanoide Eric, que estando en pleno siglo XXXV y en posesión de las más elevadas tecnologías no somos capaces de precisar cual ha sido el jodido número de cerdos muertos?
- No, señora - contesta mi chico imperturbable - El estado de los cuerpos es bastante lastimoso, es complicado hacer un recuento dentro del...picadillo resultante.
- ¡Picadillo!...vaya, creo que me estoy poniendo un poco cachonda...¿qué especie de animal puede haber hecho algo así?...tendremos imágenes de las cámaras de seguridad, ¿no es así, Eric?
Mi Eric, siempre tan correcto, traza un cuadrado en el aire con lo cual aparece ante nosotros una pantalla virtual con las cámaras de seguridad que vigilan 24 horas al día las cochiqueras. 
- Les ruego que presten atención, porque todo sucede a una velocidad increíble -explica amablemente antes de apretar el play- He seleccionado el momento justo en que...en que empieza todo.
Todos volvemos la vista a la imagen y guardamos silencio.
Las cámaras de infrarrojos no proporcionan excesiva nitidez de imagen porque nadie tenía previsto ver nada interesante en mitad de un montón de cochinos durmiendo, y de hecho, todo es justo así durante unos segundos...después comienza a escucharse un gruñido estremecedor, el cochinerío parece barruntar que algo horrible va a ocurrir porque todos comienzan a lanzar estridentes "onki-onkis" y a intentar trepar los unos sobre los otros para escapar de algo...Un instante después, ese algo irrumpe en medio de la masa animal esparciendo sangre y vísceras en todas direcciones, es una especie de criatura de la que no se distingue más que un remolino de pelo oscuro, garras y fauces mientras atraviesa el ángulo de la cámara de un lado a otro sembrando muerte y destrucción a su paso.
Todos quedamos mudos unos eternos segundos después de que Eric cierre la pantalla.
- ¡Jolin! -exclama Jujú por fin-.
- Joder...-añade Perkins-.
- Hostia puta -matiza Deveraux-.
-...creo que sí que me estoy poniendo un poquito cachonda -concluye Dita lanzando una carcajada- ¿Pero qué mierda es esa? Si seguimos a ese ritmo los quince días de trayecto vamos a llegar sin un puto cerdo vivo...
- Sin duda -digo por fin porque soy el capitán y todo el mundo espera que me pronuncie al respecto- padecemos algún tipo de contaminación biológica.
"Menos mal que nos lo ha aclarado", le cuchichea Deveraux a Perkins y los dos se descojonan un rato tratando de contener la risa mientras yo ignoro tanta chufla preguntando a Eric
- ¿Será alguna nueva variedad de cucaracha espacial? ¿Ha habido alguna baja entre la tripulación humanoide de la astronave?
- Es demasiado pronto para saberlo, señor, pero me disponía a efectuar ahora mismo un recuento de personal. En cuanto tenga datos comprobados volveré a informarle...
"...y a chuparle la polla un rato" completa en un colmo de osadía el maldito Deveraux con lo cual Perkins parece estar necesitado de un suplemento de oxígeno tras la crisis de risa floja que está experimentando. Al final consiguen que me sulfure y grite:
- ¡Basta de risitas! Si los cerdos no llegan NADIE cobrará su sueldo, ¿entendido? Por tanto vamos a dejarnos de bromas y a tomarnos este problema en serio... -después, en un alarde de virilidad me enfrento a la nariz de Deveraux y le digo en voz baja-...en cuanto a usted, si tiene algún problema sobre quien me chupa la polla por las noches puedo instalarle a partir de hoy mismo en las cochiqueras y ahorrarle conductas ofensivas para su concepto de moral, así además podrá proporcionarnos información de primera mano sobre el depredador nocturno...¿qué me dice?
Deveraux me sostiene la mirada un momento, se levanta dando un golpe en la mesa y se larga del comedor con un gruñido dejándonos a todos ensimismados unos instantes con el movimiento de sus robustas nalgas bajo la blanca tela de algodón. Nadie más parece decir nada así que de nuevo tomo la iniciativa y propongo:
- ¿Ninguna pregunta más? ¿Que tal entonces si empezamos todos a funcionar?...cuando Eric me traiga todos los datos convocare otra reunión y pensamos en los pasos a dar, ¿de acuerdo?
Todos han asentido en silencio y han ido abandonando el comedor dejándonos solos a Eric y a mi...
...solo entonces él se ha acercado, ha pegado su incansable entrepiernas a la mia y me ha susurrado a la oreja
-...cuando has puesto en su sitio a ese tío...joder, me he puesto tan cachondo...
Hemos corrido de la mano a mi camarote, yo con un calentón de aupa producto de los hábiles restregones de mi chico y en parte también por la visión del culo de Deveraux danzando sobre esos formidables muslos peludos, pensando en nada y a la vez preocupado por el nudo de tensiones que se adivinan en la tripulación...Si esto es así tras una noche de vuelo, ¿que habrá pasado aquí dentro de una semana?

Diario de X:

...esta noche ha sucedido, he perdido el control en algún momento que no consigo precisar, pero en un instante dado estaba en mi camarote pensando en meterme a la cama y al instante siguiente yacía en medio de un pasillo de la astronave, sin ropa y con el cuerpo cubierto de sangre...
...he visitado sin hacer ruido cada uno de los camarotes del resto de la tripulación presa del terror por haber cometido una desgracia irreparable, pero todo el mundo descansaba en silencio...esta vez las víctimas no han sido humanas, pero sé que ha sido solo fruto de la casualidad, y que si mañana el cambio me asalta en el momento menos apropiado, nadie estará a salvo si se encuentra a mi lado...
Lo más sensato sería confesar mi problema para que todos lo supieran y pudiesen tomar medidas al respecto, eso o rajarme el cuello y saltar por una escotilla al espacio exterior para no causar más daños, pero soy demasiado cobarde, tengo miedo, no quiero morir ni tampoco que me traten como a una bestia salvaje...tengo que salir de aquí de algún modo y solucionar este problema fuera, en algún sitio...
Esperaba que tras la ingesta de sangre nocturna hoy la bestia  quedara saciada y el cambio no se produjera, pero continuamente siento el cuerpo cubrirse de un sudor frío y mis huesos crujir como si en cualquier momento fuese a producirse la transformación...
Si hay Dios en algún sitio, espero que nos proteja a todos...

El último mar que compartimos juntos

El último mar que compartimos juntos
...esta vez, solo contigo