lunes, septiembre 11, 2006

...SEGUIMOS...


...lunes, Septiembre, los niños que vuelven al cole, parece que la vida no ha perdido hoy ni una sola oportunidad de recordarnos "vale, aqui estamos con lo de siempre, es hora de volver a poner los pies en el suelo...¿tienes el calzado apropiado?... unas botas de agua pueden ser buenas por si hay que chapotear en el barro..."
... bueno, pues le daremos un poco en los morros a la realidad con esta pequeña gota de pasión, para aplicársela a uno mismo como si de un perfume se tratase... ojalá sea provechosa para todos...
Y que tenía una estupenda imagen pero el blogger está hoy contestatario y parece que no...
...o si...
...a ver, que lo estamos "subiendo"...
...el tiempo pasa...
...tic...
...tac...
...estoy perdiendo la esperanza, que dicen que es lo último que se pierde...
...lo conseguí, no pudo ser la fotografía que miguel me mandó pero bueno... ahí queda...
Capítulo 2

Hoy

Elena primero había chillado y luego se había reído cuando conoció sus intenciones.
- ¿Tu sola, unos días con la única compañía de ese caserón?... Pero Laurita, qué mosca te ha picado... en fin, no creo que haya problema porque la venta no se concretará hasta Septiembre, todavía tienes dos meses por delante para volverte absolutamente loca entre esas cuatro paredes... pero piénsalo bien, no quiero tener que ir a buscarte con una ambulancia, dos camilleros y una camisa de fuerza...
Ahora enfrente de la casa sentía que eso era precisamente lo que iba a ocurrir, que se iba a volver loca. Allí no quedaba nada, ni siquiera las dos palmeritas que su tía Victoria cuidaba con tanto mimo durante el verano y que eran el único adorno en la terraza de la casa.
"Siempre me pareció que solo resaltaban lo poco atractivo que era el conjunto, pero ahora que no están...vaya, si que dejan sensación de vacío..."
No quedaba nada aunque no había cambiado en lo esencial, sencillamente no había nada porque nunca hubo gran cosa en realidad. Pero la playa estaba idéntica, el mar era del mismo azul profundo, las mismas gaviotas gritaban sobre su cabeza y las dunas tras la casa parecían las mismas dunas, el desierto en miniatura que siempre les había separado del pueblo. Pensó que si de pronto escuchase la voz de su padre llamándola desde la casa no la sorprendería en absoluto.
"Eh, Laura, entra que te estamos esperando"
"Pero eso no va a suceder, ¿verdad?"
El corazón se le detuvo en el pecho cuando vio una figura evidentemente masculina recortarse en el umbral a medida que se iba aproximando a la puerta. Se llevo una mano a la garganta intentando reprimir un grito, y el extraño interpretó su gesto adecuadamente porque dio un paso afuera para dejarse ver.
- Tranquila. Su amiga de la inmobiliaria me mandó para poner un poco de orden al saber que iba a venir usted aquí.
"Elena..."pensó con una sonrisa"Si no fuese por ella me tendría que pasar los próximos tres días barriendo y quitando telarañas..."
- Estaría todo hecho un desastre, no sé cuantos años hace que nadie viene por aquí. -respondió intentando sonreír aunque todavía sintiendo el pulso acelerado-.
- La verdad es que sí, hubo que trabajar duro, la arena acaba por encontrar la forma de irse colando por todos los resquicios,¿sabe? Por fortuna los pocos muebles que encontré estaban bien embalados y se han conservado en buenas condiciones. No gozará de grandes lujos pero creo que se encontrará cómoda el tiempo que dure su estancia.
Laura no captó la mayor parte de las palabras del hombre porque estaba contemplando con detenimiento sus rasgos y otro rostro se le iba desvelando, igual que si ella también estuviese limpiando y frotando las huellas del tiempo hasta encontrar en él una cara de hacía veinte años.
-... pero tú eres...
El hombre pareció un poco azorado de repente y se contempló los zapatos con detenimiento.
- Hace mucho ya desde la última vez que nos vimos -murmuró-...
- Jose...
Hubo un instante interminable de silencio en el que ninguno abrió la boca, el hombre mirando al suelo y escarbando en la arena con la punta de los pies, ella con el cerebro momentáneamente en blanco, tratando de traer del pasado algo más que un rostro y un nombre.
- No puedo quedarme, -dijo él por fin- me he entretenido mucho tiempo y tengo que volver a casa. Sobre la mesa de la cocina están las llaves y en el salón he dejado algo de fruta y pan. No he rellenado la despensa, eso es cosa de cada uno, creo yo... También está mi teléfono apuntado por si me he olvidado de algo importante. Es un número de móvil, estoy disponible a cualquier hora...-el hombre volvió a contemplar nervioso el suelo-...ahora de verdad, tengo que marcharme.
Apenas tuvo tiempo de abrir la boca antes de que José desapareciese tras una de las esquinas de la casa para reaparecer casi al momento pero montado en una motocicleta que pasó junto a ella como una exhalación, dejando tras de si una pequeña nube de polvo.
"Ya habrá tiempo de pensar en esto más tarde" se dijo respirando hondo. Vamos adentro."

Ayer

La planta baja de la casa estaba ocupada en su totalidad ( a excepción de una cocina y un aseo ) por un enorme salón con paredes de piedra y ventanales permanentemente abiertos con cortinas que volaban con suavidad. La decoración era sencilla, apenas un par de cuadros, una gran mesa de comedor con ocho sillas y multitud de divanes y cojines por los que pasaban tirados la mayor parte del verano. El único mueble extra era una pequeña estantería de madera abarrotada de libros viejos que Laura creía haber leído al menos tres veces cada uno. Este año la sorpresa era un viejo televisor que Victoria les enseñó orgullosa como si se tratase de la presa de una cacería.
- Lo encontré en un rastro por un precio irrisorio... no se ven todos los canales y es en blanco y negro, pero bueno, ahí está. No hace falta que lo pongamos si no queremos, es una opción nada más... ¿os parece buena idea?
Dolores les había preparado unas cuantas fuentes con embutidos, queso, ensaladas y grandes pedazos de sandía, acompañado del pan crujiente y denso que hacían en el pueblo, vino rosado y refrescos.
Laura observó que Daniel se sirvió una copa de vino e intentó hacer lo propio antes de que su madre gritase:
- ¡Laurita por Dios! Desde cuando tomas tú vino... Victoria, alcánzala una naranjada o algo así...
Daniel le dedicó una sonrisa burlona y se metió un trozo de jamón a la boca.
"Mama, te odio".
- Bien, ¿qué tal la universidad, Daniel? -preguntó su padre sirviéndose vino a su vez mientras ella cogía una rodaja de sandía y se dejaba caer en uno de los enormes sofás- ¿una buena experiencia?
- Psé. No ha estado mal.
- ¡A saber que es lo que hará el solo allí sin su madre que le controle! -rió Victoria- Está en un piso con otros compañeros, yo lo he visto y lo tienen monísimo-monísimo... para que luego digan que los chicos son desordenados...
- Vaya, así que en un piso tu solo -siguió el padre de Laura con su eterna sonrisa- Cuidado que no lo pasarás bien allí, eh pillin.
Daniel le devolvió la sonrisa pero no dijo nada.
- Por lo menos ha sacado unas notas estupendas -comentó Victoria orgullosa- Todo de notables para arriba... creo que va a hacer una carrera estupenda, ya lo veréis.
- ¡Que suerte tienes! -chilló Sofía- Laurita es un auténtico desastre, este año ha tenido que echar en su maleta el librote de matemáticas y el de ciencias naturales, ¿puedes creerlo, Vicky querida?... No gano para disgustos.
Laura escupió una pepita en la palma de su mano y miró de reojo a su primo para ver si la observaba con compasión, pero este parecía ausente de la conversación con la vista perdida en una ventana. Ella siguió su mirada y vio al chico que se habían cruzado al entrar caminando descalzo por la playa y agachándose de vez en cuando a echar algo en una cesta. Cuando se volvió hacia Daniel él la estaba mirando ahora, y se sintió enrojecer violentamente. Parecía haberse dado cuenta de su escrutinio y su expresión se había vuelto un poco dura, como si no le hubiese gustado que ella espiase lo que él a su vez estaba espiando. Se levantó para acercarse a la mesa y susurró al oído de su madre.
- Voy un momento al servicio .
- ¿Al servicio ahora? ¡Pero si todavía no has empezado a comer! Hazme el favor de sentarte y...
Vació el puñado de pepitas de sandía en el mantel y salió furiosa del salón, con los gritos de su madre a la espalda.
- ¿Os dais cuenta? ¿os dais cuenta del infierno que paso cada día?... ¿cuándo dejará de ser una adolescente, por amor de Dios?

Hoy

El salón estaba prácticamente igual que como lo recordaba, los mismos muebles y los mismos montones de novelas apolilladas en un rincón, pero de algún modo había echado de menos la presencia humana durante tanto tiempo y se mostraba a sus ojos mucho más vacío que antaño. Observó divertida que José se había tomado la molestia incluso de sacar el televisor que su tía compró aquel último verano y que no recordaba haber visto jamás encendido, un trasto que ahora se le antojaba prehistórico con sus enormes dimensiones y las dos antenas como dos grandes cuernos señalando a distintos puntos del techo. Por alguna razón el viejo aparato la hizo sentir mejor, como si hubiese quedado allí algún miembro olvidado de la familia.
"Y solo llevo cinco minutos aquí dentro..."
...la noche anterior Sara todavía había tratado de convencerla por última vez para ir a pasar juntas aquellos días. Después de una cena con velas que Laura había preparado a modo de despedida, estaba colocando los platos sucios en el lavavajillas cuando su amiga se le acercó sigilosamente por la espalda y le rodeó la cintura con los brazos.
- Has estado a punto de lograr que lo deje caer todo y preparar un estropicio de cuidado -resopló-.
Sara le depositó un beso en la base del cuello y la apretó firmemente contra su cuerpo.
- ...estás a tiempo de cambiar de idea -le susurró al oído procurando que sus labios le rozasen la oreja-. Solo tengo que hacer un par de llamadas y quedaré libre de compromisos los próximos quince días.
- Te he dicho que es algo que me apetece hacer sola -suspiró dejando los cacharros que aún tenía junto a la pila. Después cruzó sus manos sobre las de Sara y añadió- Si más adelante echo en falta la compañía humana te lo haré saber, ¿Vale?
Los dedos de Sara se escaparon de los suyos y revolotearon hacia arriba hasta posarse sobre sus pechos, entreteniéndose allí mientras la volvía a besar lenta y calidamente en el cuello.
- ...piénsalo, cariño, solos tu, yo y el mar, podemos pasar dos semanas corriendo por esa casa totalmente desnudas sin hacer otra cosa que revolcarnos como perras por los rincones -Laura tuvo que reír muy a pesar suyo, e intentó zafarse del abrazo aunque con poco convencimiento-...vamos, no me hagas rogarte más...
Ahora los dedos se deslizaron entre los botones de la blusa en busca de su piel y Laura emitió un jadeo.
- ...la coacción sexual no... ah... no te servirá de nada... está todo decidido...
- Ah, ¿si?... debería dejarte aquí sola con tu fregoteo y marcharme a buscarme a otra por ahí...
- ...bueno...-tragó saliva-...puedes irte, no te lo impido...
Sara la dio media vuelta y la tomó la cara entre las manos.
- Demasiado tarde, estoy cachonda... me encanta hacer el amor en las cocinas, ¿no te lo había dicho nunca?...
Después aplastó los labios contra los suyos y ambas olvidaron durante un buen rato sus planes, la casa y los platos sucios.
Continuará...

El último mar que compartimos juntos

El último mar que compartimos juntos
...no,no estabas pero te tenía ahí, en el corazoncito...