domingo, junio 15, 2008

EL PASEO DE LOS SOLITARIOS


No es más que un sendero paralelo al paseo principal, flanqueado a un lado por árboles y arbustos, por el otro el río que discurre silencioso. No hace mucho le han puesto banquitos de madera y unas farolas de hierro negro que le dan un aire de algo que está suspendido en el tiempo.
Demasiado lejos del tráfico rodado, para que su ruido habitual no sea más que un murmullo.
Lo bastante oculto de los ojos de la ciudad como para resultar un pequeño mundo aparte...
De día, cuando el sol calienta aún la tierra polvorienta del suelo, se ve invadido por jubilados paseando, mamás con sus niños corriendo y gritando, señores propietarios de perritos alborotadores y hasta a veces alguna pareja de enamorados besándose de cara al río.
Pero cuando el cielo empieza a oscurecer y las sombras ganan terreno, todos ellos desaparecen. Si estamos en el buen tiempo la noche se llena de fragancias especiales, si es invierno solo se escucha el aire helado haciendo crujir las ramas de los árboles.
Entonces, cuando todos se van, aparecen los solitarios.
Apenas son más que sombras entre los círculos de luz que dibuja cada farola. Caminan muy despacio, olvidados del ritmo con que todo transcurre fuera de allí. Caminan buscando, buscándose los unos a los otros, con los rostros muy blancos y un brillo en la mirada.
A veces dos de ellos se detieren, hablan en su idioma silencioso y con un gesto de asentimiento, desaparecen abrazados en la oscuridad...
...hay solitarios viejos que cuando abandonan el lugar sólo llevan el rastro de una lágrima en la cara, los hay jóvenes y hermosos que al marchar parece como si la luna hubiese bajado a besar sus labios, pero a todos ellos la sombra del lugar parece entrarles por los ojos y al mirarles solo sientes tristeza.
Tu propia soledad puede hacerte recorrer ese paseo y de inmediato les verás, y en su expresión leerás la invitación: "ven y aliviaré un instante tu frío", buscando a la vez aliviar el suyo...
...pero si te dejas engañar, si te pierdes en su gesto y dejas que te tomen de la mano, arrastrándote a la penumbra perfumada...¿quien sabe?
Puede que no vuelvas nunca, claro que sí, pero que creo que en su beso el solitario te transfiere su encantamiento y vuelves, vuelves otra vez más triste de lo que fuiste, más de lo que puedes recordar...quizás es que quedas prendado del maléfico influjo de las hadas que pueblan ese lugar y por eso al dia siguiente regresas convertido en otro solitario, y sales por la noche a caminar en busca de esa mirada en la que, por unos segundos, has visto la esperanza de salir de esa melancolía que parece de plata bajo las estrellas.

El último mar que compartimos juntos

El último mar que compartimos juntos
...no,no estabas pero te tenía ahí, en el corazoncito...