miércoles, octubre 21, 2015

DI SOLE E D'AZZURRO



Esta podría ser una historia real. De hecho, seguramente lo es.

Os conocisteis así: pudo ser de una manera casual o quizás de modo intencionado; pudo ser un encuentro inesperado o pudo ser una cita en una tarde de Septiembre, con la luz del otoño iluminandoos a los dos con esa calidez suya que tiene Septiembre, tan hermosa y tan triste al mismo tiempo.

Ahora ya no lo recuerdas, pero se te aceleró el corazón un instante cuando él te sonrió y estrechaste su mano... ¿de verdad que no te acuerdas?

Quizás ocurrió ese mismo día o quizás no. No sé cuanto tiempo pasó pero por fin llegó el momento y te dejaste abrazar, permitiendo que todas esas barreras que interponías entre tú y el mundo cayesen al suelo pulverizadas para dejar nada más un espacio muy breve y muy pequeño entre tu corazón desnudo y el suyo.

"Si esto no es amor, ¿que va a serlo?" seguramente te dijiste esa noche y todas las que vinieron a continuación.

Y mientras tú te emocionabas y amabas, la Tierra seguía girando en torno a si misma y a la vez en torno al Sol al compás de ese interminable baile silencioso suyo, y por eso tras aquel otoño enamorado llegó un invierno en el que quizás agradeciste poder meter tu mano fría entre sus manos, y luego una primavera que otra vez renovó el ciclo de la vida y por primera vez en bastante  tiempo no solo te limitaste a vivir, sino que además te sentiste encantado de estar vivo.

Después, el tiempo cogió velocidad...

...las hojas del calendario volaron entre vosotros haciendo remolinos de la misma manera en que el viento levanta del suelo las hojas de los árboles y las hace bailar en círculos cuando el cielo amenaza  lluvia. De repente la propia luz de ese sentimiento ya no bastaba, dejasteis de miraros el uno al otro y perdisteis la conciencia del valor de cada abrazo.  Os dejasteis llevar por la prisa y el cansancio que os causaba la misma vida repetida cada día y también, por la rabia sorda que esa velocidad y ese agotamiento os producían, os volvisteis levemente crueles sin motivo.
"Levemente" porque no era una crueldad evidente y ni siquiera consciente: erais crueles sin querer. Dejasteis de daros cuenta del poder que gracias al amor teníais cada uno sobre el corazón del otro y causasteis dolor sin pensarlo por medio de palabras duras, reproches injustificados o silencios desmesurados. 
Os volvisteis ciegos a los detalles y a los gestos, sentíais dolor, os sentíais perder y sin daros cuenta empezasteis a acorazaros de nuevo el uno frente al otro por el miedo a sufrir más....

Un día el tiempo de pronto se detiene,el viento cesa y todas esas hojas de los días compartidos caen al suelo. Entonces levantas la mirada y te ves frente a él, tan cerca que podrías rozar su mejilla con la punta de tus dedos y a la vez tremendamente lejos.
Solo hay una oportunidad de decir la palabra exacta, solo un instante en que todo está en tu mano, y aunque te sientas cansado y sin fuerzas te ves obligado a decidir.
Decidir si sencillamente renuncias o si por el contrario vas a a seguir a su lado vadeando esos días de lluvia  para rescatar ese sol y aquel azul...



El último mar que compartimos juntos

El último mar que compartimos juntos
...esta vez, solo contigo