lunes, abril 15, 2013

CEREZOS AL SOL Y CUATRO COSAS MÁS


Lunes. 
Y día libre, ¡ja!
No tengo gran cosa que contar a propósito de nada, pero como me quedó un poco de desazón al no poder mostrar "mis" cerezos bajo un cielo azul y soleado ( que es cuando de verdad se lucen tal cual son ellos, her-
mosos y esperanzadores ), pues he aprovechado la bonanza meteorológica de las últimas jornadas para sacarlos así de bellos y favorecidos...¡y fue justo a tiempo! porque en solo un par de días han empezado a cubrir las aceras y los jardines con una lluvia de pétalos rosados y de la noche a la mañana han aparecido con una vestimenta mucho más severa pero digo yo que también más práctica y funcional para las cosas que debe suponer la rutina primaveral arbórea.
Me supongo que tanto arbolito debe suponer un auténtico coñazo para el no-amante de estos placeres botánicos, pero a mi no dejan de maravillarme porque joer, ¡que arte tienen!. Si tu o yo nos ponemos a pintar un cerezo sobre un lienzo con todo lujo de detalles procurando que nos quede armonioso, elegante y bonito, nos podemos pasar horas e incluso días pensando como disponer cada hoja y cada flor para que todo esté en su justo lugar, que nada sobre ni falte en ningún sitio y aún con todo eso al resultado final le seguirá faltando algo. En cambio ellos, así sin aparente esfuerzo...¡zas!, se ponen a echar brotes rosados, ramitas aquí y allá, y te podrá parecer que lo hacen sin orden ni concierto pero luego después te detienes a ver el resultado final y ¡caray!, resulta que todo está en el punto justo donde tiene que estar: las ramas se estiran de la forma más hermosa y perfecta, cada estructura encuentra la mejor disposición para contribuir a un delicado equilibrio y te descubres mirándolo de lejos y luego acercándote a su tronco, rozando su aspereza con la yema de los dedos y asombrándote porque de algo tan duro haya brotado esa tormenta de suavidad y de color como una nube de alas de mariposa...

...pero lo más increíble no es eso.
Lo de verdad inaudito es que todo ese virtuosismo de arte natural se invierta en algo tan breve y perecedero como la floración de los cerezos. La Naturaleza no se cuestiona temas de ahorro de esfuerzo y economía de recursos en plan "bueno si total esto va a durar cuatro días, vamos a poner cuatro florecitas por aquí, tres yemitas por allá y salimos del paso para esta semana", ¡qué va! Ahí fuera, "fuera" quiero decir de nuestra concepción del mundo y de las cosas, la belleza se justifica por si misma y no necesita investirse de resistencia ni perdurabilidad para existir. Los humanos estamos acostumbrados a crear, a construir y a amar con ínfulas de eternidad, no sé si porque el asunto de la racionalidad nos hace cuestionarnos nuestra propia existencia y vivimos enfrascados en una lucha permanente con el tiempo: el tiempo vivido, el tiempo que nos queda, el tiempo después de nuestro tiempo, el tiempo que conservamos cada cosa en nuestras manos, el tiempo que retengo tu mirada en mi mirada, el tiempo que sostengo tu cuerpo entre mis brazos y, cuanto más tiempo le regateamos al Tiempo, de más gravedad se reviste cada cosa, y más dificil es aceptar los finales, y más nos duele dejarnos ir o dejar marchar.
El tiempo de cerezos es una sutil metáfora que la Naturaleza, creándose y destruyéndose cada segundo y en cada rincón, nos plantea para hacernos llegar su mensaje: que el único instante real con el que cuentas es el instante presente, que de nada sirven contratos, juramentos ni compromisos porque el único que vive a cada latido eres tú, y lo que paladees, inspires, toques, sientas o disfrutes en ese latido está lleno de vida y de sentido aunque en el latido siguiente haya dejado de existir...
...y sabes, si yo  ( disimulando un poco para que nadie piense que estoy mal del tarro ) me acercase a decirle todo esto a mis cerezos y pudieran responderme, seguro cascarían de la risa. Porque además de esa aparente despreocupación por dejar caer sin un suspiro de pesadumbre todas esas flores que a mi, valga la redundancia, tanto me han hecho suspirar, mis cerezos no le dan tantas vueltas a las cosas. Y si yo fuese y les soltase todo este sermón con este fatigoso código de símbolos, pasiones y conflictos que la gente acarreamos como efecto secundario de lo que supone ser portadores de eso que unos llaman "alma" y otros "raciocinio", pues se troncharían y a continuación se dispondrían a pasar otra tarde sin hacer más que estirar los brazos al cielo dejándose mecer por el viento.
Porque si hoy eres cerezo, con este discreto sol entre las nubes y el suelo que empapado de la suave lluvia de anoche aún lo llena todo con aroma a tierra mojada, como comprenderás, lo que yo pueda decirte carece de importancia...

El último mar que compartimos juntos

El último mar que compartimos juntos
...esta vez, solo contigo