miércoles, octubre 07, 2015

EL SENTIDO DEL PUDOR


Hace un par de días leía -en uno de mis blogs menos "sanctos"- un post a propósito de los encantos de los vestuarios masculinos y de como le llamaban la atención al narrador esos pobres machotes que tras su sesión gimnástica andaban forcejeando en un rincón con una toalla en la cintura y unos calzoncillos intentando que no se cayese la primera mientras se ponían los segundos. Al autor la actitud de estos hombres le producía una insospechada ternura ( mezclada con lo que me parecía a mi una pequeña dosis de lástima subliminal ), por esa en apariencia falta de comodidad que les producía el estar en pelotas entre "iguales".
A mi eso me ha chocado un montón porque precisamente yo debo reconocer que soy de esos pobrecillos desgraciados que en vez de despelotarse con alegría para entrar correteando a las duchas rodeado de un montón de pililas saltarinas ¡lo paso fatal! y me tiro larguísimos ratos buscando objetos inexistentes dentro de mi bolsa de deportes o doblando cada una de mis prendas con precisión milimétrica, lo que sea para hacer tiempo y entrar a la ducha en solitario con mi toalla castamente enrollada a la cintura.
Viendo lo mal que lo paso yo con algo que todos mis congéneres masculinos abordan con total naturalidad, ha sido inevitable hacerme todo tipo de argumentaciones ( = pajas mentales ) para explicar esa actitud. Mi conclusión es que sintiendo yo cierta "simpatía por los penes" -por decirlo de alguna manera eufemística-, pues es normal que me sienta inquieto cual gato en barril de arenques rodeado de cosas que me son potencialmente apetecibles, mientras que mis eventuales compañeros de piscina-gimasio-o-lo-que-se-te-pueda-ocurrir, ni siquiera prestaban atención a la desnudez de sus semejantes porque no los veían como objetos de deseo.
¡Ah!, gran error y por dos bandas además: 
La primera es porque SIEMPRE que tienes otro humano en pelotas a tu lado le prestas atención, sea para desearlo, admirarlo, compararlo o simplemente compadecerlo. 
Y la segunda porque después he tenido oportunidad de ver playas nudistas con público eminentemente gay en las que los portadores ( y simpatizantes ) de pililas no dudaban en despelotarse y rodearse de cosas que en principio deberían ser motivo al menos de turbación.
Cáscaras.
¿Entonces es que soy la reencarnación de una virgen muchacha victoriana? 
¿Hay algo incorrecto en mi?
¿Es solo el pudor de verme desnudo delante de otros semejantes?
Claro que no ¡y claro que sí! pero no, me supongo que si me paro a pensarlo despacio probablemente ahí habrá mucha más tela que cortar, porque mi patológico pudor va bastante más allá de estos hechos tan banales como despojarme de los calzoncillos en presencia de una docena de machos potencialmente copulatorios ( uff, dicho así me da todavía más, jaja ) y abarca otros territorios que no tienen nada que ver con este tema...
,,,,,pero tranquilo, no voy a ponerme a analizarlo precisamente hoy y menos aquí, en este post tan liviano que pretendía hacer de miércoles por la tarde.
Me voy a limitar a dejarte una canción que demuestra las virtudes ( o defectos según lo mires ) de tener muy poca vergüenza....


...y si no has meneado ni siquiera un zapato al escucharla...shame on you!!!

El último mar que compartimos juntos

El último mar que compartimos juntos
...esta vez, solo contigo