lunes, octubre 27, 2008

TORCHWOOD: un western futurista y crepuscular


CAPITULO 1: EL COMIENZO

En el siglo LIII el sol, quizás enamorado de alguna estrella venenosa, había comenzado poco a poco a abandonar el sistema solar, y con ello comenzaba el final de la Tierra tal como la conocemos. O quizás era la Tierra la que había empezado a alejarse de todo y de todos, ¿qué más daba? Nadie se preocupó en investigarlo, nadie se preocupaba demasiado por nada en aquellos tiempos en que los días se reducían a un puñado de horas de color violáceo y las noches se hacían infinitas, la gente se dedicaba solo a vivir, a sobrevivir de una forma desesperada, y casi todo lo que antes importaba ahora había dejado de importar.

En algún momento de aquellos tiempos oscuros me encontré en medio de un paisaje desolado con Dean Martin cantando “Volare” en la radio de mi vieja furgoneta, la mente en blanco y el depósito sin gasolina. El porqué las emisoras de radio habían empezado a emitir canciones con más de 2000 años de antigüedad, tampoco lo sabía nadie. Y no, nadie había hecho nada por averiguarlo…

- No me jodas, Susi –le dije al cacharro, que en aquel momento parecía silbar el “volare” de la radio como si la cosa no fuese con él-

Entre mis escasos recuerdos de nada y de nadie quedaba el que mi padre, que había sido el anterior propietario del chisme, llamaba “Susi” a la vieja furgoneta, y yo había seguido la tradición a pesar de no tener ningún afecto por ella.

- Aunque solo sea en memoria de papá, llévame hasta el próximo puto pueblo y prometo no ser excesivamente duro contigo. Por favor… Susita…

Susi no tenía cejas pero si las hubiera tenido las habría enarcado como diciendo “y a mi qué, nene”.

- ¡Joder Susi! ¿y si muero de hambre y de sed en mitad de este sitio que no está en ninguna parte?

Pero era inútil, Susi estaba en otro rollo, el rollo de los vehículos a motor es otra cosa o siempre lo ha sido para mi, y su intención era dejarse pudrir por el viento en ese justo lugar, y de paso dejarme pudrir a mi.

“Puta-puta-puta”empecé a gritar remarcando con una patada cada palabra, esperando morir así, pateando su lomo y que al menos le doliese un poco…

…no sé si fue el sentir algo moverse en el borde de mi campo visual o que el pie me dolía de cojones, el hecho es que me detuve, dí media vuelta y allí, entre nubes de polvo blanco, se materializó una figura con un largo gabán negro, gafas de sol y algo alargado en una de sus manos. Lancé un gemido aterrado al descubrir que aquello alargado era un arma de fuego.

“Vale, este es tu final, morir como una rata en medio de esta polvareda a manos de este tipo pero eso si, se va a joder porque seguirá su camino andando, si no conoceré yo a Susi…”

Sin embargo el sujeto en vez de apuntarme levantó su arma hacia el cielo, se quitó las gafas descubriendo unos ojos inusitadamente azules y exclamó:

- ¡Tranquilo!...soy amigo…bueno, más bien soy víctima de la misma situación, ha-ha-ha.

Le miré con desconfianza (“¿ha-ha-ha?”)pues eran tiempos difíciles y la mejor actitud para la supervivencia era la defensiva, y él sonrió con lo cual sus dientes lanzaron un destello blanco como en los anuncios…y digo “como en los anuncios” porque la dentadura en general de la población de la zona era amarilla y fea como la de los coyotes, puede que fuese cosa del agua o puede que más bien la razón estuviese en el escaso presupuesto que cada familia dedicaba a pasta de dientes y cepillos. Con esa sonrisa radiante me tendió una mano y se presentó:

- Encantado. Mi nombre es Jack –y agarró mis dedos flácidos de improviso sacudiéndolos con energía- Creo que vamos a ser buenos amigos.

De pronto en el cielo azul profundo descubrí una estrella solitaria y, de esa manera en que los corazones desesperados creen en las señales del destino, yo creí ver un signo de que las cosas estaban cambiando…

…sin esperar a que le dijese mi nombre ( para ser en el futuro tan estupendos amigos no trató de fingir demasiado interés) se acercó a Susi, frunció el ceño y anunció:

- Esta potrilla no piensa arrancar, compañero.

- Debe tener algún antepasado burro en la familia, de ahí le viene la cerrazón de ideas –dije mohíno mirando con rencor al cacharro-.Se llama Susi.

- ¡Ha-ha-ha! –rió el tipo ( de nuevo “ha-ha” )- ¡Que original!..pero bueno, en confianza, dispongo de algo que quizás pueda convencer a Susi de llevarnos hasta el siguiente poblado.

Aquello, evidentemente, atrajo mi atención.

- ¿Qué es? ¿Una grúa para arrastrarla?

- No-no-no. Se trata de un combustible exógeno…

- ¿Exógeno?

- …alienígena –introdujo una mano en su gabán y extrajo un cilindro de cristal con un líquido verde fosforescente- Te aseguro que con un chorrito en el depósito, Susi nos llevará hasta donde haga falta.

- ¡Pues entonces no hay que pensarlo más!-exclamé, y tras mirar a Susi con cara de “jódete-nena” le dije a mi nuevo amigo- Echaselo todo, papi.

El tipo echó un chorro al depósito, luego corrió al asiento del copiloto y me apremió:

- Hay que darse prisa, el efecto es un poco…

Apenas puse el culo en el asiento Susi arrancó con un rugido de motores más propio de un avión a reacción que de una furgoneta cochambrosa y salió disparada en dirección a ningún sitio.

- ¡Joder! –chillé intentando mover el volante- ¡Es…

- …alucinante –completó Jack- Conduce con cuidado, jovencito.

La fortuna dio que era el puto desierto y no había ningún obstáculo de dimensiones considerables con el que estrellarnos y matarnos, nada se interpuso en el rayo luminoso que fue Susi hasta que avistamos el siguiente pueblo, una manada de casas polvorientas a las que mi camioneta se precipitó como un misil tierra-aire.

- ¡Vale Jack! –grité aterrado- ¡Ahora solo tienes que decirme como cojones se para!

- ¡Es ciencia alienígena, no dispongo de toda la información!

Un segundo después un gallinero volaba en tablas y plumas tras nuestra colisión, tuve un instante para recordar a la madre del alienígena que inventó aquello y luego, con un volantazo, quedamos en lo que se suponía era la plaza del pueblo. Entonces Susi emitió un “arf-arf” y se detuvo.

- ¡Ahora –gritó Jack saliendo disparado- hay que correr!

Su tono de urgencia me hizo ser rápido, salté de la furgoneta y corrí tan rápido como pude…

…un segundo después Susi se puso de color rojo vivo, se inflamó y estalló entre las casas como una pequeña bomba atómica que me hizo rodar hasta el primer corral de cerdos que encontré.

Cuando abrí los ojos, aparte de un pequeño montón de rostros porcinos, vi media docena de lugareños chamuscados y con gesto malhumorado contemplándome con hostilidad.

- Evidentemente –me dijo uno con una estrellita de sheriff requemada en la solapa- está usted detenido.

Tras él Jack, con unas esposas en las muñecas, esbozó una encantadora sonrisa de culpabilidad.

CONTINUARA

Créditos:

"Torchwood" y el capitán Jack Harkness son probablemente productos registrados en algún lugar. Al capitán le querría yo tener registrado en mi agenda de baile, o mejor aún, haberle registrado ese cuerpo serrano que tiene de arriba a abajo como se merece, ñam-ñam...lo dejaremos para las fantasias de mi mente, que como se ve anda un tanto calenturienta.

Este despropósito no habría tenido lugar si no hubiese intervenido mi querida Rosa de Fuego, en cuyo blog: http://rosadefuego-borrascosas.blogspot.com/ encontrareis más poesia y sensibilidad de las que sin duda mis alucinaciones con Jack os podrán suministrar.

Feliz semana a todo el mundo.

El último mar que compartimos juntos

El último mar que compartimos juntos
...no,no estabas pero te tenía ahí, en el corazoncito...