lunes, mayo 26, 2014

¿DE QUÉ HABLO CUANDO HABLO DE CORRER?


"De qué hablo cuando hablo de correr" es el título de un librito que publicó en el 2007 Haruki Murakami. No sé si te pasa como a mi que los autores con nombre japonés parece que te dan fatiga nada más oirlos, pero por lo menos con Haruki una vez superada esa prevención inicial ( aunque ya le conocía de haber leído aquella de "Kafka en la orilla") , no me he sentido defraudado.


No es una novela corriente, más bien se trata de una serie de reflexiones sobre el ejercicio de vivir, el hecho de correr, el oficio de escritor y como las tres cosas se entrelazan y retroalimentan de una u otra forma ( en el caso del autor, claro ). 

Ahora viene el porqué voy a hablar de correr:

Hace ya casi cuatro años padecí un breve ingreso hospitalario a partir del cual me recomendaron una temporada de reposo y evitar el ejercicio físico... bueno, ese fue el punto de inflexión y quizás debería empezar un poco más atrás. Realmente yo llevaba unos cuantos años corriendo y por aquel entonces ya atravesaba un momento de escasa motivación personal, me costaba animarme a ponerme las zapatillas y salir a trotar, pero en cambio siempre tenía un arsenal de excusas para no hacerlo.
Cuando sucedió lo del hospital, mi yo-maléfico de rabo y cuernecillos quedó encantado porque ya no teníamos que auto-disculparnos más: estaba enfermo, no me quedaba más remedio que PARAR...
...aaahh, y cuando coges la adicción de pasar por el mundo a gran velocidad al menos durante un rato cada día, ¡es una decisión importante!: supone ni más ni menos que redescubrir la lentitud, como en el título de aquella novela. Así que cuando me compré el libro de Murakami "por comprar algo" en la feria del ídem (el libro, no del Murakami ), yo ya había descubierto mi lentitud y estaba encantado con ella.


Por tanto, el libro se sumergió en el bazar chino que es mi hogar engrosando la lista de espera de "lecturas-pendientes-con-pocos-visos-de-llevarse-a-cabo" y yo ejercí mi derecho a moverme lento y a disfrutar con ello hasta hace muy poco tiempo...
Solamente hace un par de meses, por razones que en realidad no tienen en absoluto nada que ver ni con la salud ni con el deporte, he empezado a trotar de nuevo.


No te voy a decir que ha sido gratificante.
Mayormente ha sido un asco. 
En mis últimos tiempos de "corredor activo" galopaba una hora a buena velocidad y terminaba con la sensación de poder correr otra hora más si fuera necesario, mis piernas eran recias, duras, sólidas y cuando metía el piloto automático parecía que iba a poder poner un pie delante del otro a ese ritmo para siempre. Ahora...¡puaj!: al principio solo correr diez minutos me hacía sentir el corazón latiendo en la garganta, los muslos temblorosos y las pantorrillas como dos chicles mascaos.
Por suerte, van pasando las semanas y voy sintiéndome mejor conmigo mismo y la carrera, y aunque he creado una modalidad de trote que es todavía más lento y humillante que el conocido "trote cochinero", empiezo a rescatar las viejas-buenas-sensaciones de antaño, a disfrutar de ello y a sacar el punto de reflexión interior del asunto, ¡que también lo tiene!


A raíz de este retomar la actividad corredora, busqué el libro en cuestión y lo empecé a leer por fin.
No voy a entrar a repasarte cada párrafo que me ha hecho sentir algo porque lo suyo es que cada cual lo lea y saque sus conclusiones. Es posible que si no eres corredor ni escritor sientas que no vas a sentirte identificado pero entre líneas hay una filosofía vital que, aunque cada uno tiene que tener la suya y vivir de acuerdo con ella, es interesante conocer.
Yo he visto que con Haruki Murakami tengo bastantes cosas en común.
Una es que los dos disfrutamos con nuestra soledad. Yo como él entiendo que no se puede vivir completamente solo y que es importante relacionarse con los demás, pero en mi caso esa relación resulta casi siempre más una obligación ( un fatigoso trámite por el que pasar por el hecho de ser humano ) que un placer. De ahí que el hecho de salir a correr y disponer de una hora durante la cual no tengo que hablar y sobre todo NO TENGO QUE ESCUCHAR absolutamente a nadie ( ¿solo lo noto yo o parece que todo el mundo habla y habla y habla sin escuchar ni dar muestras de importarle nada lo que diga el personal que le rodea? )... pues  es un gustazo tremendo.


...¡aah, perdón, que lo del orgullo de ser friki fue ayer, jajaja!...
Bueno, pues entre Murakami y mis zapatillas estoy consiguiendo replantearme la serie de cosas sencillas que me hacen sentir bien, y una de ellas es ver frente a mi un largo camino que se prolonga hasta perderlo de vista y empezar a trotar por él cual cochino pequeño buscando a su mamá. 
Comprobando hasta donde puedo llegar, poniéndome poco a poco a prueba, creyendo que mañana voy a llegar un poquito más allá...


Entre las cosillas buenas también está el andar reinventando mis listas del espotifai para conseguir melodías que me hagan correr con energía, más motivación y me hagan flipar en ese momento en que la sangre te corre a toda caña por las venas y de pronto todos los colores se vuelven brillantes y te pones "mindfullness" a tope y pues eso, te colocas nada más con el meneo de tus propios pies...
( ay, he alucinao un poco ¿no? )...

Para esto de la música a mi amigo Murakami le pone entre otras cosas esto...


Si te metes al youtube te recomiendan muy apropiadamente por ejemplo esta...


Como yo tengo a Pastora muy reciente, me voy a enchufar esta, que no es la versión original que me gusta más pero cumple su función de pisarme el acelerador:


Y luego...¡a volar!
¿A donde llegaremos?...pues a este ritmo ¡quien sabe!


El último mar que compartimos juntos

El último mar que compartimos juntos
...no,no estabas pero te tenía ahí, en el corazoncito...