viernes, marzo 12, 2010

ESTRUCTURAS IMPOSIBLES


Mi arquitecto emocional es el tipo que tengo contratado para el diseño de esas estructuras necesarias para mi tránsito vital: puentes con los que cruzar "abismos insondables" ( los abismos suelen ser insondables pero casi siempre es necesaria la matización, al parecer ), escaleras por las que subir cuando se ha tocado fondo y viviendas temporales en las que hacer parada y fonda.
Sospecho que el arquitecto soy yo mismo con traje de ejecutivo, una carpeta llena de planos y cara de saber-lo-que-estoy-haciendo aunque en realidad no sé por donde me da el aire, pero es gratificante poder echarle la culpa a un yo alternativo cuando todo se va al carajo, una refrescante liberación de responsabilidades que me permite decir "yo lo hubiera hecho mejor"...
...pero sí, me reconozco en sus errores en general y en concreto en ese problema para definir los centros de gravedad y la base de sus construcciones. Mi arquitecto, como buen profesional de su ramo que se precie, tiene como principal temor que se le venga todo el asunto abajo una vez levantado, y ese miedo le tiene en una perpetua duda. Cuando me enamoro, él quisiera una garantía por escrito y firmada por ese amor asegurando que puede edificar sobre ese sentimiento, que puede organizar mi vida y mis emociones en torno a él sin pensar en que un día pueda fallar, desaparecer y derrumbarse todo lo que ha creado utilizándolo como base. Le cuesta arriesgarse y, para nadar y guardar la ropa como se suele decir, se embarca en el diseño de estructuras imposibles que me recuerdan a esos puentes que construyen en los dibujos animados a base de clavar una tabla a continuación de otra, formando así trampolines terroríficos sobre el vacío que rechinan y oscilan de una forma espantosa. En esos casos solo puedo cerrar los ojos y gritarle:
"¿Esto va a ser todo lo que vas a hacer? ¡No puedo mirar abajo!"
El tipo resopla, no está seguro, se seca el sudor, hace como que consulta sus planos y luego coloca otra tabla más rezando para ver si aguanta.
Quizás en la escuela de arquitectura emocional no le enseñaron que es tan factible venirse abajo cuando se arriesga todo como cuando no se arriesga nada en absoluto, que en el amor no hay certezas ni terrenos sólidos donde levantar los sentimientos porque en el amor solo se cuenta con el mismo amor para mantenerse a flote y erigir el mundo compartido.
O no se lo enseñaron o ese día se saltó la clase, porque este tío no es de fiar.
Te lo digo yo.

El último mar que compartimos juntos

El último mar que compartimos juntos
...esta vez, solo contigo