miércoles, octubre 02, 2013

7 NOCHES DE ( des ) AMOR: NOCHE 7 - CORAZON PROHIBIDO

En el hospital.
La impresionante doctora dominicana que me atiende  ( a la que hubiese puesto ya un piso y una alianza junto a la taza del cafe con leche si no me gustasen los tíos ) me ha dado media docena de palmaditas en el carrillo -practicamente bofetadas- cuando le he lloriqueado diciendo que me quiero ir a casa.
"No te preocuuuupes mi amooor. Será solo una noche de observasión y si mañana todo está bien podrás irte a casa, ¿valeee, ratoncitoooo?"
Es dificil resistirse cuando estoy ahí, con la pierna escayolada y un poco aturdido por la tira de sopapos que me acaba de largar, así que tengo que resoplar y dejarme caer de nuevo sobre la almohada con gesto sombrío...
...¿que como llegué aquí? 
Pues es simple: cuando tras la caída quedé grogui en el suelo balbuceando incoherencias, al jilipollas de R. que me oía desvariar por el portero automático no se le ocurrió otra idea mejor que llamar a los bomberos para que viniesen a echar la puerta abajo para rescatarme y llevarme al hospital. 
Jódete.
En el apartado de mis fantasías sexuales reservadas a bomberos, siempre me imaginaba rescatado por un par de machos sudorosos a los que yo aguardaba en mi lecho de soltero sencillamente vestido con mi pijama de raso o el slip de Calvin Klein, recien duchado y exhibiendo una pudorosa media erección. Pero sin duda NO esperaba que el apolíneo bombero de turno que vino a rescatarme me sorprendiera ahí tirado como una garrapata abarrotada de tintorro y ataviado nada más con unos calzoncillos no sé si muy catolicamente dispuestos...
Sea como sea, arrastraron la bolsa de vino que era yo mismo hasta una ambulancia, me pusieron en manos de la belleza dominicana y quedé ingresado con una ligera conmoción, un severo esguince de tobillo y diecisiete fragmentos de duralex incrustados en el lomo que se han entretenido en quitarme esta mañana.
El remate perfecto para esta semana de porquería.
Sin embargo toda esta locura me ha dejado al final sumido en una deliciosa calma, por esa manera con que se recuperan las cosas que tienes a diario y no que no acabas de valorar hasta que no las pierdes durante un espacio limitado de tiempo. En este caso el poder quedarme solo en esa apacible habitación, con el día reducido a una sombra rojiza en el cielo del anochecer y sin otra obligación por delante que dormir doce horas seguidas me parece el paraíso sobre la Tierra...
Cierro los ojitos, sonrío así como lo hace uno cuando está muy a gustito, y...
...no sé cuanto tiempo pasa, si un minuto o un par de horas, pero me despierta una suave corriente de aire en la nariz que me trae el aroma que tan bien recuerdo y tanto temo...
Es R., sonriendo a la puerta de mis aposentos, ataviado con una camiseta blanca, un pantalon chandalero negro y una bolsa de deportes al hombro pero siendo como es él parece el Apolo de los cojones que baja del Olimpo a ver como me encuentro.
"¿Que tal tío? Joder que susto ayer, no sabía que hacer, creí que te había dado algo, ¿sabes?"
"Pues ya ves que no. Tengo cuerda para mucho rato" gruño subiéndome la sábana hasta la barbilla y esperando demostrar con mi gesto que en este momento no atiendo visitas.
Pero o yo soy muy sutil o él se hace el loco, porque en lugar de decir "vale-te-dejo-dormir-hasta-mañana" se sienta en la cama y me sigue sonriendo como si esto no hubiese hecho más que empezar.
"Venga, no seas animal" me dice el muy fresco "¿estás bien o no?"
.......vale, tener un tío bueno sentado en el colchón interesándose por mis biorritmos siempre me ha bajado las defensas, así que respondo con esfuerzo y en tono un poco caústico:
"Estoy o-key, chaval. Me dejan dormir aquí por lo de tenerme en observación pero mañana podré volver a mi casa y preocuparme sobre si lo de la puerta me lo cubre el seguro o me lo voy a tener que atar al dedo"
"Que borde eres" se ríe y mientras lo dice se levanta, agarra una silla y la coloca apalancando la puerta como si fuese lo más natural del mundo.
"¡Eh" chillo bajito alarmado "¿que estás haciendo?...Tengo un botón aquí mismo para llamar a mi enfermera y si no puede entrar va a llamar a los seguratas...¿me has oido?"
Esto es surrealista pero tras bloquear el acceso a mis posibles salvadores se quita la camiseta con un sencillo gesto dejando a la vista un precioso torso ligeramente peludillo como a mi me gustan y una encantadora mini-barriguita que lejos de restarle atractivvo le añade aliciente al resto de toda esa jodida perfección.
"Soy un enfermo" grazno cual corneja con un lazo en el pescuezo "Este tipo de abusos seguramente va en contra de los derechos humanos y toda la pesca, chaval, te lo aviso, estás a punto de meterte en un lío de cojones..."
Por toda respuesta sigue sonriendo, se quita con un par de patadas las dos zapatillas y luego, tarareando un pícaro "tariro-tariiirooo", se baja el pantalón del chandal hasta los tobillos, quedando ahí casi desnudo en la penumbra, con tan solo un calzoncillo blanco marcando el límite entre él, yo, y todo lo que puede venir a continuación.
"te aviso que todavía no me han traído el vaso de leche, pueden intentar entrar en cualquier momento" cuchicheo desesperado con la voz del que sabe que no tiene escapatoria.
No dice nada, se ríe un poco, después retira mis sábanas hasta los pies de la cama y con mucho cuidado se sienta a horcajadas sobre mi, colocándo su ejem-jem justo encima de mi uff-uff...¿pero este chico que se cree?...
"¿Te hago daño?...si en cualquier momento notas que te encuentras mal, dímelo, ¿de acuerdo?"
...se inclina sobre mi y me besa, cierro los ojos y el olor a trigo y a miel de su cuerpo me inunda los sentidos...solo puedo relajar mis defensas y dejarle entrar...
...
...
...
...cuando se marcha las estrellas ya brillan ahí fuera, y como yo temía ya me está doliendo que se vaya.
"Mañana te veo, ¿vale?" dice y solo puedo ver el brillo de su sonrisa sobre la sombra de su cuerpo, que ahora ya es solo una silueta oscura recortada en el umbral de la puerta.
"Vale" respondo nada más haciéndome el valiente.
Cierra tras de sí y todavía paso mucho tiempo con los ojos abiertos, en parte preguntándome como he vuelto a dejar que alguien se marche con mi corazón en el bolsillo, como he permitido que vuelva a suceder y en parte...

...absurdamente feliz!!!



Por sus encantadores comentarios, esta historia queda dedicada a Brokemac y Davicini, con la esperanza de que su lectura les haya hecho disfrutar tanto como me ha ayudado a mi el escribirla para sobrellevar esta larga semana de nocturnidad.

Un beso a ambos.

El último mar que compartimos juntos

El último mar que compartimos juntos
...esta vez, solo contigo