viernes, noviembre 03, 2006

SEPTIMO CAPITULO


...fiel a mi cita semanal de los viernes conmigo mismo y mis responsabilidades con la pobre Laura, aquí vuelvo con otro capítulo del culebrón, con sinopsis para los no iniciados, para los despistados (y a veces para mí mismo también, porque andamos malisimamente de la cabeza, uff):
En el pasado, Laura vagando por el pueblo ha dado con una viejecilla misteriosa que la invita a entrar en su casa...
...y en el presente, Laura ha aceptado una invitación a cenar de José... ¿habrá sexo por fin?...¡jajaja!

Ahora, antes de la historia, solo dos cositas:

La fotografía, una vez más, de Miguel r-p-n ( tengo tantos buenos amigos que me regalan fotos para ilustrar mi casita que se me hace dificil la elección, palabra )...

Y, aunque se positivamente que TODOS ( y he dicho TODOS, jaja ) conoceis y visitais la casa de mi queridisima Ana del Sur, cuyo link figura en la columna de la derecha, no está de más el decir que ella ha comenzado allí también una historia en la que ha puesto muchisimas ganas e ilusión, y le encantará conocer vuestra opinión al respecto, de manera que, dicho queda por si algún despistado todavía no se había asomado por allí. Ahora, dicha esta importantísima referencia, pasemos al lío...

Ayer

La anciana la empujó suave pero firmemente a la penumbra del interior, consistente en una sola habitación vacía con una mesa y dos taburetes, solo eso, y las ventanas cubiertas con pesadas telas oscuras. Ni cama, ni cocina, nimuebles, solo ese único cuarto fresco y silencioso.
- ¿Mi deseo?...como sabe que...
- Siéntate. Todos vienen con un deseo, algo que no pueden o no quieren conseguir por si mismos - se sentó a un lado de la mesa y Laura la imitó en el otro extremo- Yo hago lo que puedo, y después les toca a ellos descubrir si era eso lo que necesitaban para ser felices.
No supo que decir. Había decidido que aquello era un extraño sueño del que despertaría en breve sudorosa y aturdida, mientras tanto le seguiría el juego a aquella mujer.
- ¿Te digo un secreto? -siguió diciendo ahora su anfitriona con gesto de no poder contener la risa- la mayoría tienen ya lo que necesitan, el de arriba -ahora extendió un índice hacia el techo con cara traviesa- pone en nuestra mano a cada momento lo que necesitamos para que nuestra vida sea plena, de nosotros depende saber jugar nuestras cartas y disfrutar lo que tenemos a nuestra alcance... dale a la gente la oportunidad de pedir un deseo y casi siempre pedirán algo que les hará desgraciados... o creen que teniendo eso que les falta, un dinero extra, un amante, una casa o la pierna que perdieron, creen que eso les dará la felicidad y al final resulta que la carencia es más profunda, está dentro de ellos mismos, y lo úncio que yo no puedo conseguir es cambiarles por otra persona, cada cual es el que es con su capacidad o su incapacidad para disfrutar de su vida... ¿te estoy aburriendo, pequeña?
Laura se sentía un poco mareada, como si hubiese tomado alcohol, pero en absoluto aburrida.
- ¿Y le cuenta eso a todo el que viene a pedirle algo?
La mujer asintió con la misma sonrisa pícara.
- A todos.
- ¿Y aún así le piden cosas?
- No sabes cuanto... Piden y piden. Creen que la dicha siempre está en el paso siguiente, no en el lugar en que se encuentran.
Estuvieron en silencio un buen rato, la anciana sonriendo con los dedos cruzados ante ella como un manojo de sarmientos secos, ella cona las manos en el regazo cada vez más intrigada.
- Y si me voy sin pedir nada, intentarás retenerme...
La mujer rió alegremente.
- ¡Ni mucho menos! No soy una bruja mala n nada parecido... pero sería la primera vez que ocurriese. Todos llegan aquí arrastrados por la fuerza de su deseo y nadie se marcha sin él.
-... y qué doy yo a cambio...
- Hum. Cualquier cosa. Yo ya tengo todo lo que necesito, no necesito nada tuyo para estar mejor. Solo es necesario algo simbólico, para sellar el pacto... por ejemplo eso...
Señaló con su indice huesudo la garganta de Laura, de donde pedía una cadenilla plateada con un diminuto corazón de cristal que su padre la había comprado en un mercadillo callejero de la ciudad hacía unos meses. Ella se llevó la mano al cuello sorprendida sin recordarlo, luego tocó el colgante y jugueteó con él entre sus dedos.
- Esto no vale nada, ni siquiera la cadena es de plata... además no decidí pedir nada.
De pronto pareció abrirse una puerta en su interior, una puerta por la que emanaba un resplandor rojizo como si fuese la puerta que comunicaba directamente con el infierno, miró allí dentro y descubrió su deseo... no se trataba de dinero, ni de poder, ni siquiera de José: se trataba de Daniel. Queríq que su arrogante primo la amase, deseaba verle humillado a sus pies, muerto de amor, quería poseerlo, beber de él como de una copa de un cristal precioso hasta quedar harta y luego dejarlo estrellarse contra el suelo y que se rompiera en mil pedazos. Era pasión y era venganza.
Se asustó de la violencia de ese sentimiento y se levantó de repnte.
- Esto es una tontería. Me voy.
Pero la anciana sacaba ya algo de su regazo y lo colocaba encima de la mesa, a mitad de camino entre las dos. Era una minúscula botellita con unlíquido oscuro, algo tan pequeño que cabría dentro de un puño cerrado.
- Ponlo en su bebida, y lamerá el suelo en el que pisas.
Ahora volvía a sudar, pero era un sudor frío.
- Que estupidez....Que es esto, ¿un cuento?
-...creo que sí -rió la anciana- pero eres libre para decidir, es un proceso voluntario. Si no lo deseas lo bastante, te acompaño a la puerta y asunto arreglado.
Se mordió el labio inferior contemplando la botella.
"¿Que puedo perder?"
- ¿Qué puedes perder? -preguntó la anciana sin perder la sonrisa- ...mira, como eres tan joven, te propongo algo: si ves que este elixir no funciona, o incluso si ves que una vez que ha hecho su efecto el resultado no es el que tu esperabas, vuelves, te devuelvo tu colgante y asunto arreglado.
- Si no sale bien, ¿todo quedará como antes?...
- No he dicho eso. No tengo la capacidad de deshacer lo que ya ha ocurrido. Es solo una garantía que te doy, como las de todo eso que anuncian en la televisión: si no queda satisfecho, le devolvemos su dinero. Pero funciona, te lo puedo asegurar. Lo que no te garantizo es que sus efectos te hagan más dichosa.
Aún trnascurrió un largo rato de silencio hasta que Laura, sin decir nada, sedesabrochó el colgante y lo dejó sobre la mesa. Después preguntó:
- ¿Eso es todo, solo tiene que beberlo?
- Eso es todo. Pero asegúrate de ser la primera persona a la que él habla después de tomarlo.
"La pequeña trampa de todos los cuentos, el talón de Aquiles por donde siempre cazan al protagonista... ¿La primera a la que el...? ¿que clase de historia es esa?"
De pronto estaba de nuevo sentada frente a la pequeña iglesia que presidía el pueblo, totalmente bañada en sudor, la bicicleta en la mano... Dos mujeres la contemplaban con cara de preocupación al otro lado de la plaza.
"Ha sido un sueño"...
Notó algo duro en la mano, la abrió y allí estaba el botecito del elixir...

Hoy

Se había puesto un vestido de lino blanco muy sencillo y ligero, que pendía de sus hombros por dos tirantes del grosor de un cordón de zapato y se fruncía muy ligeramente a la altura de la cintura, para terminar más abajo de sus rodillas. No se engalanó mucho más, un par de sandalias de cáñamo y el rebelde cabello rojo recogido en una desmañada cola de caballo, quería sentirse cómoda y hacer sentirse cómodo a José.
“Nada ostentoso ni tampoco nada demasiado provocativo. Es una cena de amigos, una cena informal, ¿verdad?...entonces vale, vas estupenda.”
Mientras se ponía un poco de colonia fresca y algo de brillo en los labios, decidió acallar de una vez por todas la voz de culpabilidad que venía escuchando desde mediodía, sacó el teléfono y marcó una vez más el número de Sara.
- ..vaya, estoy alucinada.-le dijo nada más descolgar- De verdad que no pensaba que fueses a tenerme tan bien atendida...
- Que tonta eres. Si quieres no te vuelvo a llamar hasta que me decida a volver a casa...
- ¡Ni se te ocurra! Pero me sorprendes, con la manía que le tienes tu a los aparatitos estos... ¿va todo bien?
- Oh, sí...
- ¿No te sientes sola?
- Hum... no, de hecho ahora estoy esperando a que vengan a buscarme para salir a cenar...
- ¿Cenar? ...con quien, ¿con otra tía?
- ¡Jaja! -rió Laura aunque con poco convencimiento- No soy una de “esas”. El hombre que me acondicionó la casa antes de mi llegada me ha invitado a cenar. Es un amigo de cuando yo venía aquí con mi familia, vamos a recordar los...
- ¿Con un tío?... No se que me deja más “mosca”. ¿De que clase de amigo estamos hablando?
Laura tuvo que guardar silencio durante unos segundos porque en aquel momento era incapaz de precisar si entre ella y José hubo una mera amistad o algo más profundo. Tuvo que volver a reír de un modo un poco forzado antes de contestar:
- ¡Por Dios, Sara! Tenías que verlo para quedarte tranquila. Además,¿tu crees que si tuviese algo que ocultar iba a llamar para contártelo?
- ...pues no lo sé, la verdad...-contestó Sara tras pensarlo también ella un poco. Luego resopló y dijo en tono más conciliador-: venga no me hagas caso, es solo que estoy jodida y rabiosa, no entiendo porqué no estoy allí contigo en vez de estar aquí preguntándome como estarás y qué andarás haciendo... Pero lo acepto, es decisión tuya. Yo te estaré esperando aquí, lo sabes ¿no?
Escuchó el ruido de la motocicleta de José aproximándose y la invadió una repentina urgencia por terminar la conversación.
- Claro que lo se... solo quería que te quedases más tranquila sabiendo que no iba a estar dando vueltas yo sola por esta casa vacía.
- Tienes razón, prefiero que estés acompañada... bueno, pues pásalo bien... recuerda que te quiero, ¿vale?
- ...claro...venga, un beso...
Bajó los escalones de dos en dos como cuando era más joven, sin sentir su conciencia mucho más tranquila.
Cuando llegó abajo encontró a José en la entrada, sonriéndola con cierta timidez. Se alegró de no haberse puesto demasiado elegante porque su acompañante llevaba tan solo una camiseta blanca y unos vaqueros desgastados, aunque se notaba que se había afeitado para la ocasión y el cabello ligeramente rizado se encontraba más colocado que en sus anteriores encuentros.
- Vaya, estás muy guapa.
- Tu también, gracias -le dijo con una sonrisa que esperaba fuese luminosa-.
- No sé si irás bien con ese vestido en “mi vehículo” -comentó él en tono dubitativo-.
Se maldijo mentalmente porque habría sido maravilloso ir con la moto en aquella noche tan cálida y repleta de estrellas ( “abrazada a él desde atrás”)pero era demasiado tarde para cambiarse de ropa.
- ...tienes razón... ¿quieres que vayamos en mi coche? Luego puedo traerte de vuelta y coges tu moto... o la coges mañana, como quieras...
- Será lo mejor, sí -contestó José tras meditarlo un poco- Aparcar en el pueblo es una pesadilla, pero podemos intentarlo.
- No será peor que en la capital, seguro. ¿Arrancamos entonces?...
Hicieron el trayecto sin hablar apenas, salvo las lacónicas indicaciones de José cuando empezaron a entrar en la zona más urbanizada para señalarla el camino. El pueblo vivía la habitual locura de las noches de verano: calles repletas de coches que iban y venían, terrazas atestadas de gente , grupos de jóvenes riendo y hablando en voz alta, música, luces de colores...
- Dios -murmuró Laura poniendo los cinco sentidos en no atropellar a nadie de los peatones que cruzaban distraídamente por cualquier sitio sin mirar a ningún lado-... es peor que hace veinte años...
- Espera a verlo la noche del sábado, entonces esto te parecerá un paraíso -rió José-...mira, es allí...
Le señaló un impersonal edificio de apartamentos , uno más de los que jalonaban el paseo marítimo y que supuso le costaría identificar a la luz del día si tuviera que volver allí sola. Siempre guiada por José rodeó el bloque y encontró un hueco para estacionar el coche en un solar polvoriento que hacía las veces de aparcamiento.
- Hemos tenido mucha suerte, esto suele estar a tope casi siempre...
- ¿No es un sitio muy... ruidoso para vivir? -le preguntó ella observando que los bajos de la casa estaban ocupados por restaurantes y bares de copas-.
- Bueno, aquí a ras de suelo puede, allí arriba no nos enteramos apenas.
El señalo arriba y ella contó mentalmente hasta 12 pisos.
- ¿Arriba del todo?... tendrás ascensor, ¿no?
- Claro -respondió él con su risa suave-. Vamos. Seguro que ya está todo preparado.
Mientras entraban al estrecho portal y montaban en el ascensor Laura le dio vueltas a esas palabras.Dudó un poco antes de preguntar:
- Ah... no sé porqué me había hecho a la idea de que vivías tú solo...
José la sonrió sin decir nada y apretó el botón con el número 12.
La cabeza empezó a girarle como una peonza enloquecida y sintió que su frente y su labio superior se cubrían repentinamente de sudor. De pronto sintió miedo.
“...que es lo que estás pensando... a quien crees que te vas a encontrar” se dijo intentando controlar aquel pánico irracional. Cerró los ojos y se concentró en respirar hondo y no salir corriendo...

Continuará, espero...



El último mar que compartimos juntos

El último mar que compartimos juntos
...no,no estabas pero te tenía ahí, en el corazoncito...