EL "MI', EL "YO", "MUERTE EN VENECIA" Y "COWBOY LIKE ME"
Mi pequeño universo ha sufrido una pequeña conmoción con la llegada de cuatro nuevos miembros al equipo de trabajo que han venido a renovar la savia y la atmósfera y la verdad, nos hacía falta.
Mi primera reacción no ha sido demasiado buena porque es que estoy un poco harto de la vida y lo cierto es que no me apetece conocer gente, me da muchísima pereza el lento (lentísimo en mi caso) proceso de aproximación, toma de confianza y posterior relajación de conducta. En los primeros contactos no soy yo, estoy tenso, estoy torpe, tiendo a decir tonterías, a no ser natural, total, un puto cuadro que hace que mi interlocutor tenga que estar dotado de mucha paciencia si quiere dar por fin con la maravillosa y encantadora persona que soy en realidad (risas). Esto, que es la vida misma, ha estado pensado y meditado por filósofos ilustres como por ejemplo George H. Mead: el amigo George, analizando cuales son las estructuras o categorías básicas que hacen que tú y yo podamos definirnos como humanos y no como perros, árboles o pedruscos del campo, se entretuvo con una de ellas como es la mismidad o autoidentidad. ¿Qué te diferencia a ti de tu gato? Pues que tu gato (que sepamos) no hace estos ejercicios de autoconciencia, de análisis de nuestra vida misma que hacemos los humanos. Para George esta autoconciencia o autoidentidad se elabora a partir de dos componentes: el "MI", que es el conjunto de actitudes de los demás que nosotros asumimos, el "yo social"; y por otro lado el "YO", que es nuestra respuesta al "MI" y que ya entra dentro del terreno de lo impredecible: ¿Cómo respondemos a ese efecto que los demás tienen sobre nosotros?...
Todo esto, que ya de por sí -y a pesar de funcionar sin pensarlo mucho nosotros- parece un asunto arduo, se complica si como es el caso entre las cuatro nuevas adquisiciones de plantilla hay un joven de pelo oscuro, ojos verdes, barbita de tres días y un pendiente con forma de crucecita en la oreja. Si a pesar de haber una considerable diferencia de edad estás dispuesto a interpretar el peor papel en tu "Muerte en Venecia" personal haciendo del hombre que se enamora de un bello mozo, entonces te ocurre (me ocurre) que al "MI" (el pensar en tí en relación a los demás tratando de satisfacer expectativas y comportarte de acuerdo con lo que tu entorno espera de ti) se añade un efecto de "hiperconciencia" de uno mismo: de pronto te super-observas a ti mismo, intentas hacerlo todo lo mejor posible para causar la mejor de las impresiones y resulta que lo que consigues es todo lo contrario (Traducción sencilla resumida: cuando aparece el chico/chica que te gusta empiezas a comportarte como un capullo de un modo irrefrenable).
Yo a estas alturas ya no debería estar ni en modo defunción-veneciana ni en estas cosas de ponerme colorado, tartamudear, tropezarme con mis propios zapatos y todos esos efectos bochornosos, ¡pero lo estoy! y me está costando un triunfo intentar evitar al "estímulo" para no encontrármelo y entretanto darme tiempo. "Tiempo", porque ese modo de hiperconciencia en el que entra el cerebro es afortunadamente muy fatigoso y nuestra sesera poco a poco va bajando la guardia, relajando las defensas -o lo que sea que pone en marcha- y entonces permite a nuestro "YO" que deje de responder al "MI" y pueda ser espontáneo, natural y lo que se supone que es cuando no hay jóvenes con barbita un-poco-demasiado-flacuchos-pero-guapísimos alrededor.
La gran filósofa de masas del panorama musical contemporáneo que ambos conocemos ya dedicó una canción a esto y sin haberse puesto de acuerdo con George H.Mead ni nada: ese hecho de actuar de acuerdo al MI en tus relaciones, con la imagen=máscara que tienes preparada para ellos, para todo el mundo de ahí fuera y de pronto encontrar a alguien en quien te reconoces, alguien "con los ojos llenos de estrellas"(suspiro) y entonces saber que con ese alguien puedes ser tu mismo, liberar a ese YO tuyo porque ese otro YO que has encontrado es igual a ti.
A veces no sucede que los opuestos se atraen, sino que en mundo un poco hostil en el que todo nos es extraño y ajeno, lo especial es encontrar alguien como tú.



Ay, la pena de darse cuenta que uno ya no está "en la flor de la edad"!
ResponderEliminarIgualmente en el trabajo, contrataron a un grupo de recién graduados. Dos de ellos digamos que "llaman mucho la atención"....
Lo que me da pena no es "no estar en la flor de la edad", sino ser tan poco adulto ¡y tan poco profesional! cuando se me cruzan unos calzoncillos bien puestos, jajaja. Un abrazo, amigo.
EliminarJoder, me ha encantado el post. Un tratado de filosofía aplicado a algo tan cotidiano como lo que cuentas, escrito además con muy buen gusto. Y aquí vengo yo a estropearlo, en plan Torrente, dándote un pequeño consejo: "Donde tengas la olla, no metas la polla". De nada, jeje. Abrazo fuerte.
ResponderEliminarJajajajaja. Ya sabes que para mi todo lo que dices está fenomenal. Tranquilo que por lo que a mi respecta, la olla está a salvo.... un abrazo grande, guapetón.
EliminarCreo que nuestra parte social se ha desviado a estos lares cibernéticos en detrimento de la interacción en el mundo de carne y hueso. Si no no me explico cómo podemos ser más nosotros mismos mejor aquí que en la vida real.
ResponderEliminarYo trabajo en un entorno muy masculinidad y hay mucho donde elegir... Hasta que abren la boca, enseñan lo que tienen de nariz para arriba y se acaba el encanto.
¿O sea que los delgados con barba tenemos nuestro encanto? Lástima que la juventud ya quedó muy lejos (snif).
Un saludo.
Masculinidad = masculinizado
EliminarProbablemente la gente se inclina a esta interacción virtual porque el efecto del "MI" , de todos esos otros, no desaparece claro, pero nos sentimos un poco menos coartados para dejar que nuestro "YO" se despendole un poco y sea más como quiere ser sin sentirse presionado.
EliminarSi yo te hablase de entornos masculinizados...un saludo, y feliz entrada en la primavera.