NO TENGO GANAS DE NADA
Me viene el otoño otra vez y no tengo ganas de nada. No tengo ganas de nada, no. No tengo ganas de trabajar en esto que hago, algo con lo que no me siento identificado, que satisface mis necesidades económicas pero siempre me hace pensar en lo que las cosas pudieron haber sido y ya a buen seguro no podrán ser. En estos tiempos que corren de crisis económica y dificultades en muchos órdenes de la vida, quejarse así solo puede ser señal de ingratitud y de valorar poco lo que se tiene, pero en este espacio en que no me ve nadie, me permito el lujo de estas indecencias. No tengo ganas de vivir en esta ciudad de inviernos interminables y mentalidades y espíritus tan tiesos y fríos como la misma estación que les rodea durante tantos meses al año. No tengo ganas de seguirme sintiendo así, caminando por esta vida que yo mismo me he diseñado pero que resulta como una casa demasiado pequeña en la que mis codos parecen tropezarse con todas las esquinas. Ni tengo ganas de seguir...